Abstenerse los feos

En su libro La supervivencia de los más guapos. La ciencia de la belleza, Nancy Etcoff hace una revisión histórica y antropológica de las implicaciones sociales y culturales que poseen la valoración motivada, es decir convenida, de los parámetros faciales y corporales considerados bellos. Afirma que todas las civilizaciones, occidentales o no, han venerado la belleza (tanto masculina como femenina) y fijado modelos de ésta por medio de los cuales se exalta o se menosprecia a los hombres y mujeres y en este texto están invitados todos, así que nada de abstenerse los feos así de sencillo.

<< […] cómo evitar sucumbir a la excesiva importancia que la cultura gay otorga a la apariencia, la juventud y el glamour>> (Joe Kort, 2010, p. 11)

Gay-Wallpaper-lgbt-8774740-1280-1024La tesis de Etcoff, en una lectura muy particular, asume que la belleza es una condición que dota de existencia a los individuos, toda vez que genera reconocimiento a través de la mirada de los otros. Uno existe porque es bello y también porque no lo es. Una lectura que es posible ser discutida y contra argumentada, pero que tiene lógica en un entorno que, al menos en las sociedades occidentales, ha valorado desde su fundación la belleza corporal: la cultura gay.

Ubicándonos en ésta, encuentro que un condicionante de la forma en que “estamos en contacto” con los otros (gays) es la noción de la belleza. Y ojo, ser guapo no es, ni tiene porque serlo, negativo. Lo preocupante es la sobrevaloración de las convenciones de lo “bello”. De entrada, debe quedarnos claro que, lo bello o la belleza, no es una noción “natural” sino cultural. Es decir, si bien las formas, colores, texturas faciales y corporales nos viene por condición genética, lo que consideramos “estético”, “bello”, y por tanto “bueno” (en una visión muy platónica del asunto) es una convención. ¿Quiénes participan de esta convención? Podría pensarse que todos (as), pero me parece una idea romántica. Los filósofos (en el clásico), la iglesia y los artistas (medievo, renacimiento, etc.,), la publicidad y los mass media (en la postmodernidad) han sido, y son, instituciones que determinan qué es lo bello y quiénes pueden ser considerados “bellos”.

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En el caso de la cultura gay el universo simbólico de lo “bello” en los hombres gays ha ido evolucionando: de la estética Camp a la hipermasculinización de los gays, hasta la cultura del Gym (para mostrar un cuerpo sano a propósito del estigma del SIDA asociado con los gays) y más recientemente nos ha llegado una oleada de especímenes estéticos publicitarios: metrosexuales, ubersexuales, retrosexuales, spornosexuales, lumbersexuales, y los últimos DadBod o fofisanos; todos ellos destinados a ubicar a los gays en un clientelismo de la imagen, que en su mayoría tiene como fin el consumo.tiffany-and-co

¿Qué efectos han tenido la imposición de modelos de belleza en los hombres gays?

En mi opinión un alto grado de exclusión y un esnobismo de la belleza insoportable. Exclusión porque hemos comprado la idea que debemos “ser” como los modelos de que aparecen en los anuncios gays: blancos, con cuerpo marcado, jóvenes y guapos. ¿Y si eres moreno, bajo, robusto, mayor de edad, de alguna etnia, y con proporciones faciales consideradas “no estéticas”, estás fuera de lo deseable? (Lo bello se desea para ser o para tener) ¿Qué sucede cuando te enfrentas a los anuncios (incluidos portales de internet y aplicaciones gays) y te das cuenta que no eres cómo lo que ahí se considera “agradable”? ¿Cómo responder/ actuar antes descripciones en Grindr, Hornet, Tinder u otra app, cuyos usuarios señalan tajantemente: Abstenerse feos? ¿No estamos excluyendo, lo que me parece incongruente, dentro de un grupo de naturaleza excluido? Me parece que el error que se comente al sólo exaltar un tipo de estética en el universo publicitario y mediático de lo “gay” es la exclusión y/o in-visibilización de aquellos que no somos ni blancos, ni guapos (según los parámetros gay), o carecemos de algún otro requisito. Por otra parte, la dictadura de la imagen sujeta a una cantidad de hombres gay a un esnobismo de la moda y la belleza. El problema no es que te cuides, hagas dieta, ejercicio, vistas “bien”, etc., es libre albedrio y finalmente satisfacción propia (si lo es); el asunto se vuelve complejo cuando quieres medir con un mismo parámetro a los demás. Y esa es mi crítica al culto exacerbado de la belleza, cuyo templo se encuentra en los discursos publicitarios y mediáticos, que se convierte en un factor de exclusión, de marginalidad para aquellos que no son considerados “guapos”.

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¿Exagero?

No lo sé, pero no creo estar del todo errado, basta ver/leer la oleada de comentarios (negativos, de burla o “bufe”) que inundó Twitter, Facebook e Instagram cuando se viralizó la imagen de la pareja interracial conformada por el modelo alemán Thorsten Mid y su novio Naparuj Mond Kaendi, director creativo tailandés, con quien lleva dos años de relación. Las burlas y comentarios despectivos se centraron en éste último: ¿cómo era posible que alguien tan “feo”, pudiera ser novio de alguien “tan guapo”? Me acuso, porque no pretendo ser hipócrita, de pensar: “Pero si yo no estoy tan jodido como él, por qué sigo solo”. ¿Qué sabía de Naparuj Mond Kaendi? Nada. Salvo qué estaba feo. Me bastó saber que no era alto, de abdomen marcado, buen rostro, etc., para juzgarlo. ¿No es vano este tipo de actitud que en su mayoría compartimos los denominados hombres gays? ¿Es la belleza el parámetro supremo para determinar el valor de una persona? Mi error me llevó a pensar cuán domesticados estamos respecto a la imagen gay que deseamos, y esperamos, de nosotros y de los otros.

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¿Abstenerse los feos?

Muchos hombres gays se quejan de estar solos y de no encontrar al “amor de su vida”, sin embargo, rechazan a cualquiera que no esté dentro del estereotipo de hombre gay “guapo”. Es claro, que para establecer una relación intervienen muchos factores, y no sólo el de la belleza, sin embargo, debemos cuidar que no sea éste el más determinante.

Los medios masivos, en general, y la publicidad, en particular, nos han vendido una idea romántica y estética de lo que es ser gay, vivir en pareja (de ahí que no podamos soportar la idea de una pareja “dispareja” conformada por un “feo” y “un guapo”) y los parámetros bajo los cuáles debemos ser, estar y habitar en la vida gay. Seamos capaces de ser autónomos. Es indiscutible que siempre estaremos expuestos a los contenidos mediáticos y publicitarios, así como a los del entorno, en una especie de círculo vicioso; sin embargo, es posible liberarnos, a partir de una reflexión de lo que nos rodea, de estas ataduras estéticas y culturales, para aprender a valorar a las personas por el conjuntos de parámetros yuxtapuestos que conforman a un individuo, más allá de una sola característica, porque al final de cuentas ¿Qué es ser bello? Un concepto subjetivo mutante, que va estar siempre definido por el tiempo y espacio, y bajo está lógica, la belleza siempre será efímero, mutable, desechable.

Soy Carlos Díaz y me encuentras en twitter como @Carlosdiaz1712 me gustaría recibir tus comentarios y opiniones!

 

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

3 thoughts on “Abstenerse los feos

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