El amor en tiempos del porno

Lo bueno, lo malo, y lo FEO del amor en tiempos del porno. Internet: Danos hoy nuestro porno de todos los días.

Hace no pocos años la pornografía era tabú, inaccesible para cualquier persona, y lleno de estigma, hoy las cosas son diferentes gracias al internet, la gente se manda nudes, la putería es una forma rápida y segura de conseguir valor y estatus en redes sociales (donde la mayoría vivimos), y quizá más que nunca, existe una veneración hacia las estrellas del porno, casi, como ejemplos a seguir.

Es más, vivimos en un mundo donde un video-escándalo porno hace que alguien se convierta en estrella. El porno es pan de todos los días, ya es parte de la cultura pop, es un producto de mercado posicionado, y para algunas subculturas, es un estandarte de identidad y estilo de vida.

Y bueno, escribo este texto porque en el consultorio me he encontrado con un número significativo de clientes, hombres en su mayoría, que presentan, a veces, sin darse cuenta, conflictos con su auto concepto y con el “goce pleno” de su sexualidad, así como de la vivencia del amor, a causa de su experiencia con el porno.

OJO: No es intención moralizar o aleccionar, sino exponer otros lados de un objeto, para así, hacer un uso más consciente y personal del mismo.

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Lo bueno.

Cómo todo material audiovisual con propósito, el porno está diseñado para estimular nuestra mente y provocar una experiencia psicológica, en este caso, acompañada de sensaciones sexualmente placenteras. El porno pues, es un fuente de gratificación sexual segura; funciona rápido, en automático y es eficaz, al estilo “Maruchan-Microondas”.

Debido a la falta de fuentes accesibles y didácticas de educación sexual, el porno también puede ser, hasta cierto punto, educativo, pues funge como promotor del explorar de fuentes de placer sexual y de preferencias sexuales antes no conscientes o permitidas, tanto de forma individual como en pareja o grupo, en un contexto de permiso, intimidad y juego. Esto es positivo.

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Lo malo.

Sin embargo, estas imágenes se fijan en las mentes de sus usuarios, reforzadas como positivas y deseables, como referentes del “cómo y qué” hacer para sentir placer, para vernos sexies y valiosos, y ni se diga para consumir los accesorios o estilos de vida que se promueven en las imágenes y sus protagonistas.

El efecto negativo del porno consiste, en parte, en la proyección con el pornstar, que condiciona nuestra identidad y experiencia sexual exigiéndonos a priori ser, tener o hacer “esto y aquello”; y en la dificultad de diferenciar entre realidad y fantasía.

En otras palabras, el porno nos programa a emular lo que vemos, condiciona nuestra sexualidad, limita la creatividad y la espontaneidad erótica, y en lo que he observado en consulta, le pega duro a la autoestima y a la capacidad de amor. Claro, ¡en el porno no hay amor!

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Lo FEO.

La pornografía, en su mayoría, sigue un plot muy sencillo: dos identidades sexuales, una pasiva y una activa. A grandes rasgos, la activa debe penetrar sin cansarse y con violencia a la identidad pasiva, la cual está OBLIGADA a aceptar con placer un ultrajo y a validarse como instrumento de depósito-desecho, como excusado, pues.

A grandes rasgos, la pornografía instala en nuestras mentes una imagen peligrosa de sobre las relaciones sexuales humanas. El porno expone el placer sexual en un marco de sado-masoquismo, de ausencia de dolor y queja ante el abuso sexual. Normaliza la violencia sexual.

Refuerza, psicológicamente, que es sexy ser, o un violador sádico e insaciable, o un receptor que encuentra placentero y normal ser abusado. Aun cuando se tenga que recurrir a drogas para lograrlo, o normalizar el abuso sexual, como he visto en consulta.

En el porno no se asumen responsabilidades ni consecuencias. Se maneja al sexo como una guerra de poder. Se olvida de detalles psicológicos en las relaciones sexuales humanas; no menos importante, refuerza la degradante idea de que el centro de placer sexual está en el pene (tanto para penetrar como para ser penetrado).

Nada de esto nos ayuda a ser sexualmente plenos, ni en el sexo ni en el amor.

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Tips para el uso del porno.

Juguemos con el porno y no lo tomemos como real, simplemente no lo es. Juguemos a ser voyeristas, imaginando que tenemos permiso (o no) de ver lo que pasa en la escena. Proyecta tu morbo pasajero pero no tu persona, ni bases en ella tu vida sexual. ¡Es una fantasía!
Es importante que recuerdes que eres espectador de un show profesional, recuerda, SON ACTORES profesionales, y no sabemos la preparación logística y los perfiles psicológicos detrás. Todo es un show.

Finalmente, vigila mucho la presión que ejerce la imagen de los pornstars sobre la tuya, ¿cómo te hace sentirte contigo mismo si te comparas con ellos? ¿Cómo impacta en tu vida sexual? Evítalo.

Vigilemos la construcción de estereotipos en las relaciones sexuales, la presión psicológica de cómo ser o qué hacer, y los efectos nocivos del falocentrismo que el porno promueve. La idea es usar al porno y no que el porno te use a ti, y te perjudique.

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Psicoloco

Creando y renovando la perspectiva de un facilitador del desarrollo humano... donde se celebra la autenticidad, la congruencia, las ganas de ser feliz y el compromiso con ellas.

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