Bareback y prevención ¿A pelo y sin riesgos?

Socialmente cuestionado y condenado, el bareback, una práctica sexual entre hombres, quienes de manera deliberada no utilizan condones, también representa un dilema para la ciencia, la salud e incluso la bioética. La disponibilidad de los medicamentos, la necesidad de transgresión o la búsqueda primordial del placer son factores que han alimentado esta práctica alrededor del mundo. Los textos aquí presentados ofrecen dos perspectivas; la nacional y la global, que abonan a la discusión sobre un tema imposible de ignorar, por muy incómodo que parezca.

SEXO-ANAL-SIN-DOLOR-GAYMAS

“Te lleno el culo de leche”, “méteme hasta el webo”, son algunas de las frases inscritas en diferentes espacios virtuales de contacto entre hombres que practican el bareback, un fenómeno asociado al creciente uso del Internet, sobre todo de las redes sociales donde las invitaciones para asistir a algún encuentro donde haya sexo sin protección entre hombres son cuantiosas.

La aseveración no es difícil de verificar. Con sólo poner en cualquier buscador de Internet los componentes de origen anglo “bare” y “back”, el despliegue de sitios web por visitar rebasa cualquier posibilidad humana de revisar siquiera el uno por ciento de los más de 19 millones 400 mil resultados obtenidos sobre esta práctica sexual, la cual consiste en el sexo anal consentido entre dos hombres sin uso de condón de manera deliberada.

El ornamento de la mayoría de estos espacios virtuales son fotos y videos de hombres teniendo relaciones sexuales durante un tiempo prolongado, mostrando de manera clara que ninguno de los participantes usa condón, por el contrario, la relación sexual es al natural o “a pelo”.

Tener sexo bajo riesgo a sabiendas de una posible infección de VIH, o siendo más radicales, incluso buscándola al relacionarse con un compañero seropositivo (bug chasing), conlleva a plantear un sinfín de preguntas sobre dicha conducta.

Sexo de a de veras
Las causas por las que una persona decide tener prácticas sexuales de riesgo son muchas, señala en su artículo ¿Quién está fallando, quién?, Ford Hickson, investigador de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, especializado en conductas de los hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH). El autor describe que algunas de las razones que alientan dicho comportamiento son: el poder del placer sexual (“si no entiendes el riesgo sexual es, probablemente, porque no aprecias el deseo sexual”), la rápida expansión de la escena gay en “un amplio sector de negocios que ofrece servicios de contacto sexual y lugares para practicar sexo”, la continua denigración de la homosexualidad en la sociedad y el aislamiento emocional que conlleva, la automedicación con alcohol y drogas, la creencia generalizada de que el “sexo real” es el sexo anal, el fetichismo y la consideración del sexo anal sin protección como un comportamiento transgresor, las normas culturales individualistas que rechazan las nociones de responsabilidad y el sesgo optimista de decirse a sí mismo que los riesgos son menores de lo que son.

Por su parte, en su texto La epidemia del VIH entre hombres que tienen sexo con hombres en México: el caso del bareback, Ricardo Baruch, maestro en salud pública, refiere que la práctica es deliberadamente más común en los hombres gays, aunque no se podría descartar al sector de los HSH, y considera que además de lo estipulado por Hickson, factores como la “fatiga de la prevención”, la disminución de la percepción de la gravedad y la susceptibilidad a una infección de VIH y el conocimiento de la existencia de medicamentos antirretrovirales más eficientes ha provocado que algunas personas no consideren al VIH
como un padecimiento severo.

En entrevista con Letra S, el investigador agrega la pornografía a las causales, pues la evidencia científica ha mostrado que los hombres gays que ven porno bareback pueden ser hasta dos veces más propensos a tener sexo desprotegido intencionalmente.

En Estados Unidos y otros países, comentó Baruch, existen métodos como el sero-sorting (escoger a parejas que tienen el mismo estatus de VIH) o el sero-positioning (buscar ser activo con parejas de quienes se sospecha o se sabe que viven con VIH). Sin embargo, aclaró, en México, debido al estigma y la discriminación, es sumamente complicado que las personas que viven con VIH admitan tener el virus, lo cual hace difícil o imposible implementar estas prácticas que podrían considerarse reductoras del daño.

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Tratar o no tratar
La propuesta científica para prevenir nuevas infecciones en este sector de la población radica en el tratamiento profiláctico pre exposición (PrEP), es decir, la toma de medicamentos antirretrovirales antes de un encuentro sexual de riesgo a fin de evitar una infección de VIH.

Mediciones realizadas en sistemas de salud como el de Nueva York, específicamente en HSH y personas transexuales, mostró que 55.4 por ciento de los sujetos de estudio estaría de acuerdo con tomar la PrEP. Otra investigación, aplicada en Francia a 443 HSH, algunos de los cuales reconocieron la práctica deliberada de sexo anal sin protección, reveló que 40 por ciento de los integrantes de este sector aceptaría el tratamiento.

Si bien no aplicados sólo a “barebackeros”, aunque no podría descartarse la presencia de alguno de ellos en las cohortes de investigación, dos estudios, uno realizado en Francia y otro en Inglaterra en hombres con prácticas homosexuales de riesgo que tomaron PrEP, mostraron una reducción de nuevas infecciones de 86 por ciento con respecto a grupos similares de personas que no ingirieron fármacos. Tales resultados fueron presentados en la más reciente Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas.

Sin embargo, otros estudios, como el presentado por el Centro Australiano de Investigación en Sexo de la Universidad La Trobe de Melbourne, en la pasada Conferencia Internacional de Sida (2014), en el cual se realizó ciberetnografìa entre más de 500 usuarios de un foro virtual de personas que se definen como HSH, la mayoría americanos, se apreció que muchos de los integrantes de este sector conciben a la PrEP como una herramienta que ofrece protección contra el VIH pero que también permite tomar más riesgos sexuales, además de no eliminar totalmente el riesgo de infecciones y no ser tan accesible como el condón.

Para Baruch, la situación es clara: “está comprobado que la PrEP es costo-efectiva (es decir, que es más barato y efectivo brindar PrEP a personas seronegativas que tratamiento a personas positivas)”. Sin embargo, es difícil que con un sistema de salud como el mexicano se llegue a implementar una estrategia de prevención que podría resultar costosa. Por el momento, afirma, si una persona quiere adquirirlo en el sector privado, podría tener que desembolsar hasta 10 mil pesos al mes, a menos que tenga un buen seguro de gastos médicos mayores.

Texto de Leonardo Bastida Aguilar para Jornada.unam.mx

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