Cenicienta: Un manual para librarse de relaciones tóxicas

Los cuentos, los mitos, las parábolas y fábulas han sido una forma, en metáfora, de expresar las vicisitudes de ser persona y vivir en este mundo. De hecho, esta forma de expresión de la vida, tanto personal como social, suele resultar muy buena para fines psicoterapéuticos. Autores del desarrollo humano como Jorge Bucay, Carl Jung, y hasta el mismo Jesucristo, emplearon el cuento para facilitar el proceso de proyección, luego el de reflejo, y finalmente el de darse cuenta, de la formas personales que usamos para decidir, vivir, amar, pedir, dar y todo lo que hacemos en pos de nuestro felicidad. Cenicienta es un clásico referente “rosa” de amor romántico analizado desde la superficialidad, pero creo que Cenicienta esconde un manual para librarse de las relaciones tóxicas… En fin, antes de entrarle al tema es importante aclarar dos conceptos de psicología: “Relaciones tóxicas”, y “Formas de responder ante la vida.”

Relaciones Tóxicas.

El concepto “relaciones tóxicas” trata de explicar cualquier tipo de relación interpersonal (de pareja, de familia, de trabajo, de amistad, etcétera) que no potencializa, sino que por el contrario, frena y obstaculiza el desarrollo personal de uno o todos sus integrantes. Una relación tóxica se puede caracterizar por ser viciosa, violenta, insatisfactoria, redundante y monótona, y en muchos casos, casi adictiva, es decir, no podemos dejarla.

Formas de responder ante la vida.

Cuando vivimos desde la mente, literalmente, “pensamos luego existimos”. En otras palabras, necesitamos de referentes (generalmente dados por nuestra historia y contexto personal) para actuar. Lo ideal sería obtenerlos del presente y la realidad a través de los sentidos, pero la verdad es que estamos desconectados de ambos, y al mismo tiempo, más atentos a nuestros pensamientos y fantasías que a la realidad.

La mente humana se estresa cuando se le presenta una situación que confronta sus expectativas así como su zona de confort, y entonces busca y rebusca entre sus archivos mentales referentes que le permitan adaptarse; cuando la situación es muy novedosa y la mente no puede encontrar un referente específico, se alerta, y con la mente en alerta hay una reacción actitudinal, muchas veces defensiva, que busca desesperadamente la adaptación a como de lugar cuidándose del sufrimiento.

Ante esto, quizá la mente elegirá referentes equivocados, o los distorsionará, o incluso lo hará con la realidad, o de plano la negará como lo hará también con sus necesidades y sensaciones. Bueno, en casos serios llega a la parálisis psicológica, el ataque de pánico, incluso a la psicosis, que es la pérdida de consciencia entre realidad y fantasía.

 

¿De qué formas respondo ante lo novedoso de la vida?

Esta una pregunta introspectiva de consultorio. Cuando hacemos conciencia de estas formas de respuesta es fácil distinguir cuáles son, de dónde vienen, cómo y con qué fin las aprendimos, y muy importante, si éstas nos sirven o no para el presente. La idea es actualizarlas por otras más reales, auténticas y funcionales; esto a través de dejarse vivir las experiencias novedosas de la vida y analizar nuestras formas de responder y de defensa, e identificar las necesidades psicológicas en ellas.

Cenicienta se libró de sus relaciones tóxicas.

La mente de Cenicienta registra una experiencia significativa que la ha de definir por los siguientes años: La muerte del padre. Con esta pérdida ella se pierde también; pierde la libertad, la identidad, el poder y lo que le pertenece. De ser una persona pasa a ser un mueble sucio (“ceniciento”) propiedad de su familia, con quienes sostiene una relación tóxica. No sabemos mucho de la infancia de cenicienta pero quizá es mejor así, ya que, indudablemente, fue una niña abusada, al punto de que, ya adulta, pareciera haberse conformado con la opresión de sus victimarios a cambio de conservar la vida.

Cenicienta se adaptó a la experiencia novedosa de la orfandad y el maltrato permitiendo esclavizarse por otros a cambio de la promesa imaginaria de que algún día sería considerada; nunca pasó. Otra forma en que se Cenicienta respondía a su experiencia era perdiéndose en sus pensamientos y fantasías, casi delirante; esto es común cuando el mundo de afuera es hostil y no así en la imaginación.

Cenicienta se movía bajo dos reglas que la mantenían a salvo:

1) Mis necesidades no cuentan

2) Soy una víctima; así se mantenía anulada por dentro, como lo estaba afuera, y se evitaba cualquier conflicto que expusiera su posición indefensa y vulnerable de víctima.

De pronto,

Cenicienta registra otra experiencia significativa en su mente: la oportunidad de largarse (bueno, hasta ahora, de salir a un baile). Ella, asumiendo desde sus expectativas, responde segura de que será considerada pero se equivocó; ella es un mueble no una persona. La muy ingenua Cenicienta se había confeccionado un vestido con sobras y desperdicios, estaba esperanzada por salir, pero tanto el vestido como su esperanza le fueron destruidos con violencia y humillación cuando pidió reconocimiento a su persona, a sus necesidades y sus derechos.

Es entregándose a las emociones de esta novedosa y confrontante experiencia que Cenicienta logra la catarsis de tantos años de abuso y maltrato; la esperanza es lo último que queda y ella ya estaba desesperanzada. ¡Ya no tenía nada que perder! El cuento dice que en este momento ocurre la aparición de un hada madrina que le improvisa un ajuar y transportación para sacarla de casa, ella acepta el riesgo, y el resto ya lo saben. Pero este episodio esconde una clave importante de como se libró de su relación tóxica: Cenicienta se decidió por el amor, pero no por el amor del príncipe, sino por el amor a ella misma.

La Fórmula.

Después de la muerte de su padre, Cenicienta se topa con otra experiencia significativa de vida: El darse cuenta, y consiguientemente, aceptar, que está en una relación tóxica que la está destruyendo; finalmente, ver una oportunidad de salirse, pero que tendrá que ser por ella misma.

Del poder de hacer contacto con su creatividad, con su amor propio, con el coraje quemándole el corazón de deseo de emancipación y justicia, y de subirse, por ella misma, al peldaño de valor que siempre tuvo y que dejó le arrebataran (porque víctima), finalmente se empoderó. Cenicienta, a modo de proyección, contacta con esa hada madrina interna que es esa capacidad que todos tenemos de contenernos y consolarnos, pero sobre todo, de sacarnos del drama y poner los pies en la tierra para HACER ALGO cuando todo está aparentemente perdido; a veces es un amigo, a veces un despertar espontáneo o un libro, pero existen recursos a nuestro alrededor que no vemos por vivir evadiendo el acto de poner fin a nuestras relaciones tóxicas. Cenicienta no podía salir de casa a vivir su vida vistiendo un traje hecho con pedazos de la basura familiar, sino con un vestido hecho por ella y para ella. El amor del príncipe y el “vivieron felices para siempre” es sólo la cereza del pastel, no le quitemos crédito a la valentía de Cenicienta.

Libérate de tus relaciones tóxicas.

Revisa tus formas de adaptarte a la vida, en especial aquellas que surgen de experiencias novedosas dentro de tus relaciones personales y en la relación contigo mismo. Actualiza aquellas que sirven más, no te va a matar sentir la emoción del cambio. Y cómo Cenicienta, entrégate a la vida y sus riesgos por amor a ti antes de hacerlo por el amor de alguien. Recuerda que el amor propio nos hace tomar consciencia del camino, y nos equipa con las poderosas herramientas de la creatividad, el coraje, la seguridad personal y el empoderamiento.

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