Conoce el ritual de hacerse hombre

Todo inició con una eyaculación. Frente a nosotros siete hombres gemían al sonido de los maderos golpeados con mayor intensidad conforme se avecinaba el orgasmo; así se dio apertura a La consagración de la primavera (Rite of Spring), performance dancístico a cargo de la compañía danesa Granhøj Dans que se presentó en el Centro Gabriel Mistral de Santiago de Chile.

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Los cuerpos masculinos reunidos en un escenario desnudo, develan las distintas etapas de la vida del hombre, desde el púbero lánguido, esbelto y lampiño, hasta el padre, cuya corporalidad muestra las marcas del paso del tiempo, sin que ello signifique una vitalidad menguada, todo lo contrario, es fuerte, agresivo y viril. A estos cuerpos, el coreógrafo Palle Granhøj, pone en tensión a través de su técnica de la obstrucción, con la cual busca revelar las capas internas de la personalidad de los intérpretes, regresarlos a su condición humana y a partir de ello, exhibirlos genuinos, vivos y complejos. Su interés no es mostrar bailarines y coreografías, la danza es un pretexto para poner a la vista tensiones humanas.

Rite of Spring nos enfrenta, en tanto hombres, a nuestras experiencias infantiles traumáticas. En las sociedades occidentales, pero también en aquellas que no pertenecen a este orden (sin que ello implique una generalización), los varones hemos de ser sometidos, desde los primeros años de vida y hasta la vejez, a pruebas continuas para conquistar y mantener resguardada una masculinidad que se nos es exigida en tanto portadores de un pene y dos testículos. Los ideales masculinos representan la concepción cultural del catálogo de acciones, conductas y corporalidades que se aprueban como “propias” de los hombres. La pertenencia y la existencia de un sujeto, nombrado como hombre, al interior de su grupo social están determinadas por el grado de cumplimiento de las convenciones y expectativas culturales que se tenga de él, lo contrario implica una desviación a la norma, lo que deviene (generalmente) en rechazo y la exclusión.

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Una de las primeras pruebas a las que se nos someten son los llamados rituales de iniciación. David Gilmore (1994) en su trabajo antropológico Hacerse hombres. Concepciones culturales de la masculinidad, encontró que a menudo se adoctrina o se hace pasar pruebas a los muchachos antes de otorgarles su masculinidad, es decir, de ser considerados “verdaderos” hombres. En su texto afirma que los diversos rituales de iniciación están, casi todos, marcados por la violencia, el dolor y la exigencia de un carácter estoico ante dichas pruebas. Rite of Spring se centra en este momento de trauma: ¿Qué tenemos que hacer para convencer a los demás que somos verdaderos hombres? En tribus como los Sambia de Nueva Guinea, por ejemplo, tras la separación de la madre a muy temprana edad, según relata Gilbert Herdt (1981 y 1988), los niños son sometidos a numerosas vejaciones para afirmar su carácter, una de las más dolorosas es la hemorragia nasal, que se les produce introduciendo en la nariz hierbas recias y ásperas, esperando que lo resistan sin emitir queja alguna. En Rite of Spring vemos a un muchacho occidental exhibirse ante los ojos inquisidores de otros hombres, que por momentos lo animan y por otros lo instruyen, pero también los rechazan al no reconocerlo como uno de ellos. La música, compuesta por Igor Stravinsky, acompaña al protagonista del performance en su deambular por una serie de situaciones que van desde la violencia hasta la fantasía sexual, pasando por un momento de homoerotismo.

Son estas escenas, justamente, las que enriquecen el diálogo entre los intérpretes, la obra misma, y los espectadores; porque, en tanto hombres, reconocemos los momentos ahí enmarcados; aquellos en los que se nos ha exigido golpear, sangrar o demostrar nuestra capacidad sexual, mediante la masturbación o erotizando la imagen de las mujeres. Áron Leon Darabont, protagonista de Rite of Spring, recorre no sólo su trayecto para ganarse el premio de la masculinidad en el escenario, también nos permite una retrospección hacia el camino nuestro, trae al presente los miedos y la violencia ejercida sobre nosotros al participar de la lógica del premio de la cultura patriarcal que, en su afán por separar a los hombres del “mundo de las mujeres”, nos somete al cumplimiento de una serie de logros que permiten demostrar, a los demás, nuestras destrezas físicas, valor, temeridad, sexualidad belicosa (potencia sexual), actos heroicos y violencia. ¿Con que fin? Para demostrar que no somos niños, mujeres u homosexuales, los tres temores de la lógica masculina.

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Los movimientos, voces y cuerpos, a veces desnudos, que Rite of Spring exhibe a nuestros ojos nos hacen vulnerable a las emociones: de la excitación al dolor, pero también del voyerismo a la represión. Es el ensamblaje de lo físico con emocional, de lo sexual con el espíritu. Los hombres no nacen, se hacen. Con este epílogo la danza de Palle Granhøj y la propuesta sonora de Igor Stravinsky nos recuerdan que, a pesar de los diferentes lugares geográficos en los que podamos estar, los hombres compartimos la misma obligación de ser probados:

En América Latina urbana, por ejemplo, describe Oscar Lewis (1961, 38), un hombre debe demostrar diariamente su masculinidad enfrentándose a desafíos e insultos, aunque tenga que ir hacia la muerte «sonriendo». Además de ser duro y valiente, y de estar dispuesto a defender el honor de su familia a la menor provocación, el mexicano de la ciudad […] tiene que ser sexualmente potente y engendrar muchos hijos. (Gilmore, 1994, p. 27)

Rite of Spring culmina con la aceptación del protagonista en el mundo de los hombres, uno dominado por la ley del padre, quien decide a quien otorgarle, o no, el artificio de la masculinidad. El púbero ha pasado a ser un “hombre de verdad”, uno que años más tarde tomará el lugar de juez en los rituales de iniciación de otros que, como él, también buscarán la aprobación y el “honor” de ser llamados hombres. ¿Y los daños colaterales, los traumas, los miedos que estos rituales generan a los varones, quién se hará cargo de ellos?

Artículo por Carlos Díaz

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

2 thoughts on “Conoce el ritual de hacerse hombre

  1. Del rito iniciático a la construcción del yo. La aceptación de la manada en tiempos más allá de la posmodernidad. Reflexión necesaria que más allá del trauma, la imputación de responsabilidad social de la que somos copartícipes.

  2. El desafío de ser varones en las sociedades patriarcales.
    Muy interesante este artículo, ya que, nos permite pensar y a su vez pensarnos como sociedad y como individuos no sólo varones sino como seres sexuados y sexualizados.

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