Después de tanto tiempo… Conoceré a mi ligue del GuySpy

Voy a contarle por fin como conocí a mi ligue del GuySpy después de tanto tiempo gastado en chats… Los millenials homosexuales vivimos una época marcada por la presencia de las tecnologías de información y comunicación (TIC’s) en dimensiones varias de la vida cotidiana. El romanticismo, heredado de las comedias románticas norteamericanas, suponía la ilusión de tropezar, por azares del destino, con el amor de tu vida en la esquina de una calle cualquiera, el pasillo de la escuela o mientras deambulabas por un museo, centro comercial o bien, en la fiesta de un (a) amigo (a).

Las aplicaciones móviles y la geolocalización de los Smart phones, han propiciado el desarrollo del negocio del amor gay. Es decir, la comercialización de la ilusión que supone encontrar, en un radio medido por metros o kilómetros, al chico de tus sueños. Un perfil en GuySpy, Tinder, Badoo, etc., aporta, en pocos segundos, una serie de datos que nos permiten determinar si alguien podría gustarnos o no. También, confirma si ese “alguien” es útil para nuestros fines: sexo casual, citas, amigos, etc. Los mecanismos de interacción dependen de cada aplicación, pero generalmente tiene un modus operandi básico: uno tiene la opción de elegir a alguien, ya no hay que esperar que el destino confabule a nuestro favor. Estamos a un toque (touch) del amor. ¿Es así de fácil? Of course no my dear!

Si leyeron la entrega anterior de mi diario (Clic para leer) sabrán que el chico de GuySpy, llamémosle Mr. X, después de responder mi saludo al tercer día, sin previa disculpa, optó por pedirme el número de celular para mensajearnos por Whatsapp. En su opinión, a través de esa aplicación sería más fácil nuestra comunicación. Nada más alejado de la realidad.

Iniciada la conversación, con un saludo de cuatro letras. La incipiente plática terminó. No porque no la alimentara, Mr. X optó por dejarme en visto y no responder hasta un mes después. A favor de él, diré que nuestro diálogo se inició a mediados de diciembre en 2015. Así que, posiblemente, entre vacaciones, fiestas navideñas, fin e inicio de año, a Mr. X se le olvidó que inició una conversación con alguien que, después de la semana también olvidó por completo el asunto.

Suelo ser una persona que, tras experiencias en verdad decepcionantes, decidió regir sus relaciones interpersonales bajo una máxima personal: trata a las personas de la manera en que ellos lo hacen, sin caer en la falta de respeto o la vulgaridad. Es decir, “el ojo por ojo y diente por diente”, pero light y muy políticamente correcto. Cuando veo o asumo, por la lectura de sus actos, que una persona no muestra interés en mi persona o por lo que digo, o simplemente le importo un cacahuate. Entonces, la ignoro. No me aferro a llamar su atención.

En la primera semana del mes de enero de 2016, Mr. X decidió volver a escribir. Para ser honesto, había eliminado nuestro chat en Whatsapp, así que cuando me contactó tras su segunda ausencia prolongada, gracias a su foto de perfil (que era la misma de GuySpy) supe que era él. Esta vez decidí responder sólo por educación, la verdad la emoción de estar hablando con un prototipo de mi pareja ideal se había desvanecido.

Al parecer Mr. X es un hombre de palabras escasas y de pocas habilidades de cortejo. Tras una breve explicación sobre su ausencia, que en resumidas de cuentas se debía al periodo vacacional y lo que ello implica, me comentó que estaría fuera de la ciudad una semana, así que le parecía una genial idea que, tras su regreso, nos viéramos. Le respondí que sí. La verdad, estaba intrigado por conocer a este bonachón personaje que iba y venía a mi vida, en una especie de turismo emocional.

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Antes de organizar la logística de nuestro encuentro, creí prudente aclarar un punto importante. ¡Porque uno es responsable de lo que siente y hace, lo demás es harina de otro costal! Así que, me le fui a la yugular con una pregunta clara y precisa, a través de un mensaje de voz:

  • X, no quiero sonar intenso —aunque obviamente ustedes dirán que lo soy— pero me gustaría saber si estás interesado en conocer chicos para amistad, dates (citas), sexo ocasional, fuckbudies, poliamor, etc. La verdad— continúe— amigos tengo, ¡y son excelentes! Así que no estoy tan interesado en amistades, aunque tampoco las descarto. Para mí es importante que sepas que me gustaría conocer a un chico que esté dispuesto en tener una cita conmigo y, dependiendo de la química que se dé entre nosotros, decidir si podemos conocernos más y, eventualmente, proponer una relación.

Sí, lo sé, seguramente el pobre hombre se quedó pasmado ante semejante speech. Bueno, sólo quería dejar en claro que para mí, eso del sexo ocasional y todas las modalidades del ejercicio sexual que hoy se inventan en pro “de una liberación del cuerpo”, no son de mi interés. Respeto que las personas organicen sus prácticas sexuales de esa manera, ¡Y me alegra que lo hagan! Pero en mi fuero interno eso no es posible. Simplemente no estoy interesado. Así que, como decimos en México: “Cuentas claras y amistades duraderas”.

Mr. X— seguramente sorprendido— afirmó que también estaba interesado en citas. Así que seguimos la logística de nuestro encuentro. El propuso que fuera un fin de semana, mientras que fue mi elección el día domingo. Al decidir sobre el lugar, éste debía ser un punto medio entre los dos, por lo que Coyoacán resultó adecuado. Además es pintoresco, familiar y romántico. Seguramente esto último Mr. X no lo pensó, sin embargo, fue idea mía. No se lo dije, pero esperaba que, al menos en mi filmografía personal, nuestro encuentro quedara grabado en un escenario de película.

Me emocionaba la idea de verlo, después de todo, tenía la curiosidad de conocer al chico que es capaz de escribirte tras un mes de ausencia, en un contexto cultural donde la inmediatez ha venido a ser, en mi opinión, una exigencia en las relaciones interpersonales mediadas por las tecnologías de comunicación (sino me creen, lean sobre la crisis en las comunicaciones personales que han causado las “palomitas azules” de Whatsapp). De hecho, adelantándome un poco, diré que, además de sus prolongadas ausencias, Mr. X también tendrá el terrible defecto de responder cuatro, ocho, 12 o hasta 24 horas después de leerme, aun cuando su última conexión en Whatsapp marcara una hora o menos. Él argumenta que esto se debe a su “poca atención al celular”. Cosa que en las citas posteriores resultará extraño porque, al menos de lo que fui testigo, el hombre revisaba su celular con una frecuencia considerable.

Con todo, debo admitir que sí, sí sentía una mezcla de emoción, nervios y curiosidad respecto a nuestro encuentro. Aunque para eso, tendría que esperar ochos días. ¡Lo cual no es nada, comparado con el mes y medio que el señor se tardó en proponerme una cita! Así que decidí ser paciente y esperar a que el fin de semana llegara. ¡A mis veintitantos, estaba emocionado con un púbero!

Me atrevo a decir, que del otro lado la emoción no era tanta. En el transcurso de los días anteriores a nuestra cita, pocas fueron las veces que Mr. X y yo hablamos. En algún momento del día le escribía para saber cómo iba su viaje y él, como era de esperarse, respondía horas más tarde. Por lo tanto, decidí que lo dejaría disfrutar su estancia fuera de la ciudad, mientras me concentraba en husmear en su Facebook. Sí, estimado (a) lector (a) me vi como todo un stalker. Aunque en mí defensa diré dos cosas: 1) ¡Todo el mundo lo hace! Y 2) Uno debe tratar de tener la mayor información respecto a la persona, hasta ese momento desconocida, con la cual tendrá una cita. Si bien, Facebook (como todas las redes sociales) es una especie de realidad creada y recreada, provee cierta información que ayuda, por lo menos, a tener una idea general de la persona, aunque esta puede ser real o ficticia.

Me gustó lo que vi en su Facebook, al parecer estábamos ante un chico clase media, privilegiado por estudiar en una universidad pública ampliamente reconocida, de izquierda, militante de morena, pro Ayotzinapa, retractor del PRI y crítico del sistema capitalista. Nada mal, por lo menos era diferente a la media poblacional de los hombres gay, cuya principal preocupación es su narcicismo reflejado a través de sus selfies, tomadas escenarios tan comunes como un gym, un sitio turístico o en el “antro”.

Para el sábado en la noche, ya le había contado a una amiga sobre mi cita, e incluso le hablé del susodicho. También, tenía listo el outfit con el que iría y había pensado en posibles escenarios sobre nuestro encuentro, esperando que el más favorecedor le diera elementos para seguir viéndonos, y no que saliera corriendo tras el saludo, porque —como ustedes lo habrán notado— la soledad me ha pegado duro y, al parecer, a mí no me pueden decir “mi amor” porque ya quiero casa, cama y carro. En todo eso pensaba, mientras programaba mi alarma, quería ser puntual (porque la impuntualidad es una mala carta de presentación). Por fin, después de cuatro años tendría una cita…

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Diario de un Homonormado

La vida puede tener muchos matices y más cuando tratas de seguir lineas trazadas por el "comportamiento social" como "normales" y en este diario les presentamos el punto de vista de un ser Homonormado ¡conocelo!

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