Del vacío existencial a la hipersexualidad

La Hipersexualidad es el término utilizado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA por sus siglas en inglés) para designar y reivindicar la también conocida «adicción al sexo», antes referida como ninfomanía en las mujeres y satiriasis en los hombres.

Este es un padecimiento psicológico caracterizado por el aumento de la actividad sexual en algunas personas. Se presenta como un comportamiento compulsivo violento e insaciable que afecta en las diversas esferas en las que el sujeto se desenvuelve, el cuál suele estar acompañado de sentimientos de malestar, insatisfacción y/o culpa; mismos que estimulan la actividad excesiva, es decir, búsqueda de objetos de satisfacción para tener una descarga de la tensión.

Dentro de las características podemos identificar: un alto grado de autoerotismo (masturbación), consumo constante de pornografía y búsqueda de relaciones sexuales mediante pago de sexoservicio y uso de aplicaciones, así como de páginas web. Además de esto, como en otros tipos de comportamientos adictivos, existe una situación paulatina de «resistencia» y «dependencia» a la sustancia (en este caso el sentimiento de satisfacción instantánea) que provoca la búsqueda de grados más altos de placer, es decir; utilizar complementos, por lo general drogas; o experiencias más intensas, peligrosas e inclusive ilegales como lo son las diversas parafilias: sadomasoquismo, voyeurismo, exhibicionismo, zoofilia, pederastía, etc. por mencionar algunas.

Aunque no existe un consenso entre qué es una actividad sexual «normal», se puede distinguir este trastorno ya que la vida del sujeto gira en torno al sexo: sus relaciones sociales se ven afectadas o suelen tener un tono artificial, tiene dificultad para establecer vínculos emocionales profundos o generar vínculos de pareja funcionales. La artificialidad sugiere entonces un reflejo a modo de barrera de contacto de su profundo vacío emocional, y la compulsión erótica y sexual como el desplazamiento al cuerpo de la falta de satisfacción en el autoconcepto, es decir reafirmarse a través del deseo que provoca en el otro. Todo lo anterior va deteriorando la calidad de vida del individuo acercándolo cada vez más al individualismo de tipo puramente narcisista y las prácticas de riesgo ya mencionadas.

¿Qué hacer si he identificado que tengo o conozco a alguien que presente uno o varios de los signos mencionados?

Lo primero es eliminar los tabúes que se tienen ante el sexo, luego el autoevaluar conscientemente el problema y hasta qué grado se ha visto afectada la vida del sujeto implicado. Una vez que se identifiquen los factores de riesgo lo mejor es acudir ante uno o varios profesionales de la salud (tanto emocional como física) si se han tenido prácticas de riesgo como el uso de drogas o sexo sin protección para recibir una atención integral ante el problema. Hay diversas instituciones que brindan estos servicios de manera gratuita. Recuerda que la salud mental no es un juego.

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Alfredo Olea

Alfredo Olea, psicólogo de orientación psicoanalítica.

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