EE. UU. tiene un vigilante especial para derechos LGBT.

El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, nombró al primer enviado especial estadounidense para los derechos humanos de las lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT), un cargo que consideró necesario dado que más de 75 países aún “criminalizan” las relaciones homosexuales.

El nuevo cargo lo ocupará Randy Berry, ex cónsul de Estados Unidos en Ámsterdam (Holanda), con experiencia en varios países de África y Asia.

El rol de este enviado especial será el de “impulsar los esfuerzos que ya están en curso para avanzar hacia un mundo libre de violencia y de discriminación contra las personas LGBT”, agregó John Kerry.

En el plano exterior, esa posición le ha valido desencuentros con países como Rusia, donde hay varias medidas en vigor que castigan la propaganda homosexual y que han sido reiteradamente criticadas por Estados Unidos.

El esfuerzo es loable, pero en lugar de mandar “vigilantes” de los derechos humanos a otros países ¿no sería mejor enviar recomendaciones a los gobiernos? De nada sirve que los americanos se conviertan en los salvaguardas de los derechos, si se entrometen en la soberanía extranjera, como si dentro de su propio territorio la lucha ya hubiera acabado y fueran un ejemplo del trato digno a las personas, por ejemplo a los migrantes.

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