Fierros bajo el agua… Literatura gay inhalada del narco

En esta ocasión le damos espacio a la la reseña de Fierros bajo el agua…. Literatura gay inhalada del narco

  1. Joaquín Guzmán Loera (El Chapo) desafiaría las ordenes de su jefe Miguel Ángel Félix Gallardo alias El Jefe de Jefes, líder del Cartel de Guadalajara para proponerle un negocio a Pablo Escobar en donde la cocaína pudiera viajar de Colombia a Estados Unidos pasando por México en 48 horas. Mientras comenzaba la odisea de uno de los narcotraficantes más importantes del país, en Tijuana vivía un boom de la cocaína y el futuro control de los hermanos Arellano Félix. La historia del narcotráfico deja entrever pequeñas huellas, indicios del mundo olvidado con sus respectivos reclamos. Uno de ellos, es el misterioso asesinato de una persona transgénero dejada a su suerte en un barranco. Una muerte hundida al igual que los objetos perdidos por las aguas del mar; en cierta medida, la muerte es una deuda que la memoria no puede borrar.

El escritor, pintor, traductor y hombre de extrema sensibilidad, Guillermo Arreola, decide involucrarnos en una historia intimista sobre un México salvaje y encrudecido por una guerra pausada contra las drogas. En estas postales podemos escuchar el alter ego de Guillermo, un periodista de nombre Leonardo, hombre atormentado por el recuerdo de uno de sus mejores amigos y amantes llamado Cas Medina.

La historia nace en 2008 con un viaje a Tijuana.

En su estadía, sufre un retroceso a sus memorias juveniles, convirtiendo al personaje en un fantasma que recorre las calles y entrevista a diversos sobrevivientes de la eterna fiesta que vive el downtown de Tijuana, pero realmente nadie sobrevive a un territorio hipermercantilizado sino es con un plomazo en el fondo del alma. La tierra que visita Leonardo es un Postcards de ocio y odio que alguna vez, otro joven escritor de nombre Rafa Saavedra pudo plasmar en sus relatos.

Esta novela,

es un retrato de las llamadas Vidas perdidas que Larry Clark recupera a través del su trabajo fotográfico, los Tijuana Kids son la verdadera esencia de la orfandad, inmunes a sus propios cuerpos, objetos serviles para vender cartuchos de mota y sexo. A través de las postales, podemos apreciar el acercamiento de Leonardo con un joven de rasgos delicados y grandes ojos de venado, “Vine a reencontrarte a través de ellos. He imaginado el nuestro: ‘besos de contrabando mientras cruzamos un puente hacia el mañana’”.

Leonardo huye de su familia, pero sobre todo de su padre. Al llegar a Tijuana es ayudado por diversos jóvenes entre los cuales, Cas Medina lo involucra en su vida hasta el punto de convertirse en dos personas inseparables. La distancia llega en el momento que Cas comienza a cuestionarse sobre su propio cuerpo y la propia vida que ha llevado “Me empecé a distanciar de él cuando a los golpes que le había propinado su corta vida él respondió con una sumisión absoluta a las investiduras, y cambió al hermoso joven que era por zapatos de tacón y vestidos azul eléctrico; por inyecciones de hormonas con las que consiguió que le salieran tetas y una voz en la que se fue marchitando la promesa del varón que intuyó quizá no alcanzaría a ser”.

La historia llega a un punto fulminante donde los jóvenes llevan sus vidas a un extremo de drogas, descontrol, e incluso son parte de ese fetiche que se aprecia en la frontera de ser parte de una película pornográfica al estilo de Navajazo, documental que recupera los vestigios de la cogida Tijuana. Al menos, existe una relación entre la vida Leonardo y la experiencia de Rafa Saavedra que logra introducir la anatomía de los travestis, gays y junkies del otro lado de la frontera con nuestras propias identidades en disputa.

En 1985,

Leonardo descubre a través de las entrevistas, un programa de limpieza a homosexuales y travestis que dejan una mala imagen al turismo perdido de la ciudad “A finales del año anterior había empezado una limpieza en Ensenada, una verdadera cacería de gente como nosotros: putos (…). Me vine a Tijuana por miedo, pero pareciera que a Tijuana se vinieron también los asesinos”. Los crímenes de odio a homosexuales, locas, vestidas, eran propiciados por los habitantes y policías dejando un enorme vacío de impunidad.

Pero la pregunta es ¿en 1985 hubo una verdadera purga de maricones? La guerra entre sicarios era evidente en las zonas fronterizas y playas turísticas, en esos años, Acapulco sufría balaceras de formas a los actuales atentados, en una nota recuperada, cuentan la historia de un cabaret de travestis llamado Galery. Dentro de sus lujosas instalaciones se cuenta que “personas de costumbres raras” se vieron envueltos en un enfrentamiento por grupos delictivos que peleaban la plaza. Mismo año se implementa una campaña contra homosexuales y prostitutas que denigran la imagen de la playa, esta operación tiene como fin recuperar la gloria de una tierra (en Tijuana es irrecuperable) multando la prostitución en la vía pública y el sexo clandestino con encierros de 36 horas hasta multas de 15 mil viejos pesos.

A dos años del descubrimiento del Sida en México (1983)

la ciudad de se veía envuelta en una lucha por el reconocimiento de los derechos homosexuales, los programas de prevención era una cacería de personas con más de 40 detenciones por día y 20 asesinatos por mes, además de que el trabajo de limpieza en la ciudad aseguraban que de cada cuatro detenidos, tres eran homosexuales; el gobierno fomento un programa para que las trabajadoras sexuales aprendieran oficios como peluquería y taquimecanografía, pero los sueldos eran muy reducidos lo que provocaba que muchas prostitutas se negaran. La prostitución por parte de gays y travestis era mayormente solicitada por dos razones: cobraban más barato que las prostitutas y la experimentación entre varones.

Tijuana se vio envuelto en una purga de los líneas,

la primera de ellas era odio a homosexuales y la lucha contra el Sida que aún no mostraba su verdadero alcance destructivo, el segundo de ellos era la lucha del Cartel de Guadalajara contra los extranjeros por el domino y control de la economía de los centros nocturnos y las drogas, conflicto que se resuelve en 1988 con el apoderamiento de los hermanos Arellano Félix; homosexuales y travestis realmente fueron blanco de un programa de eliminación no pactado, pero sí situacional.

La novela de Guillermo hace un segundo aire a la escritura Beat recordando la constante relación de nuestras vidas al límite.

Por otra parte, aborda la temática gay desde un punto de reflexivo que escapa de los engranes del homoerotismo común que a veces se aprecia en nuestra literatura mexicana; la crudeza que logra pintar en sus imágenes nos hace ser cómplice de una verdadera adrenalina que está a punto de estallar junto con el Mustang. Las referencias a la cultura estadounidense se aprecian como un homenaje, algunas de ellas se encuentran en las metáforas como el caballo y la melodía de Q Lazzarus, Godbye Horses, himno al espíritu de Cas Medina. Otra referencia es la frase “Ojos bien cerrados” que ficcionaliza un misterio de las sectas sexuales, en este caso, la casa donde graban pornografía.

Estas referencias le dan un sabor a la prosa de Guillermo, trabajo que llega a reubicarnos en un punto final con una tumba y un tiroteo. Historia ficticia, historia real que puede servir para aquellos investigadores de las relaciones históricas, pero esas líneas van para otra reseña.

Fierros bajo el agua…

es una novela necesaria que pertenece a una lista de historias que vinculan nuestra identidad queer y la relación con un tema tabú para los gays, el narcotráfico. Esta historia se une a la lista de autores como Fernando Vallejo, Nazul Aramayo, Carlos Velázquez, nuestro fallecido Rafa Saavedra y otras plumas que nacen del narco y la nota roja.

Fierros bajo el agua
Guillermo Arreola
Joaquín Mortiz
México, 2014

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Eriko Stark

Visión enConteXto del Arte, Cultura, Homosexualidad, Cine e Interés general por el acontecer en la escena LGBT.

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