Heterofobia la ironía homosexual… Por Carlos Díaz

¿Quién no ha sentido deseos de venganza contra los heterosexuales? ¿Qué se hace en contra de esos deseos? ¿Cuándo nos convertimos en heterofóbicos? Son preguntas que Pablo Dubott responde en el texto de la puesta en escena Heterofobia. Obra que forma parte de la Trilogía Identidad y Memoria Homosexual en Chile, que el director, dramaturgo y académico Jimmy Daccarett comenzó el 2011 con Sangre como la mía.

Heterofobia, la ironía del pensamiento homosexual….

Heterofobia es una doble realidad, la primera escena que vemos nos engaña y seduce con su estilo musical, para luego romper y develarnos que no es más que una farsa. El carnicero, la chica punk y el ama de casa, entre otros personajes, que nos cantan, y encantan, en un primer momento, devienen en gays y lesbianas de un grupo de teatro amateur que buscan estelarizar una puesta en escena que hable de la opresión, humillación y burla de que son víctimas los homosexuales. ¡Qué adorable cliché!

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Y sí, Heterofobia es un cliché del cliché. Todos los personajes lo son. Desde el travestí hasta la lesbiana “machorra”, pasando por los “homonormados, esos homosexuales que, según critican los queers y otros disidentes sexuales, han adoptado la lógica y el estilo de vida de los heterosexuales. También encontramos a la lesbiana “que no parece” porque es muy femenina, al chico afeminado y gay tonto. Esta mezcla de estereotipos encarnan, y dan vida, a un contenido irónico, fuerte y crítico: la irracionalidad del odio.

Es cierto que Heterofobia tiene la particularidad de hablar desde un lugar de enunciación único: la ciudad de Santiago en Chile, aunque podría ser cualquier otra de Latinoamérica, los referentes a ella son claros: Pedro Lemebel encarnado en uno de los personajes, cuya critica al arte gay se centra en el miedo de los colectivos a la transgresión, o a la propia presidenta Michelle Bachelet, a quien se le acusa “matar” su feminidad, para entrar en el juego masculino del poder. Críticas mordaces que no da referencia directa, pero si una serie de indicios que nos dicen de quién hablan.

Tres sátiras fundamentales podemos encontrar en Heterofobia: 1) las rupturas y homofobias al interior de la llamada “comunidad lésbico-gay”. Se pone en relieve las exclusiones que se viven entre los excluidos: los “maricones con plumas” critican a los homonormados de replicar una fórmula caduca heterosexual (matrimonio, monogamia, estilos de vida, etc.,); los “homonormados”, por su parte, acusan a las “locas” de generar una “mala” imagen de los homosexuales en la sociedad, dado su exhibicionismo y amaneramiento; de hecho, los excluyen por considerarlos ignorantes, “nacos” (en Chile dirían “flaite”) y de mal gusto. ¿Así, pretendemos los homosexuales lograr la unidad? ¿Es necesaria la unidad? ¿Somos comunidad?heterofobia5

Una segunda crítica, realizada por uno de los personajes heterosexual, se centra en el discurso lastimoso de victimización que ha convertido a los homosexuales en jueces y victimarios; al no respetar la opinión de los otros, que de acuerdo o no, tienen el derecho de expresarse, los homosexuales podemos convertirnos en intolerantes y heterofóbicos. ¿Cuánto de ello podría ser cierto? ¿No hemos aprendido los “raros” a negociar con la normalidad ni con los normales? ¿Es normal irnos a la yugular de aquel que no coincida con nuestras ideas de liberación sexual?

El último argumento relevante, y con el cual finaliza Heterofobia, es un asunto del cual me interesa ahondar. Siempre he creído que las polarizaciones dañan. El “ojo por ojo y diente por diente” de la ley mesiánica, ha dejado tuertos y chimuelos (sin dientes) a generaciones pasadas. La última etapa de la obra inicia con el asesinato de la mayoría del elenco lésbico-gay que han exhibido las contradicciones previamente comentadas. Sólo una lesbiana y una heterosexual sobreviven antes del final, el plan de la asesina es culpar a ésta última del crimen porque en su lógica los homosexuales únicamente somos noticias muertos. La justicia, continúa, voltea los ojos a los “raros” cuando se les asesina, para dar cuenta de la “intolerancia” hacia la diferencia, sin que ello, necesariamente, implique justicia. De los jóvenes muertos por la homofobia nada se dice y poco se hace, en Chile la “Ley Zamudio” entro en vigor siete años después del asesinato del joven Daniel Zamudio en marzo de 2012 por parte de un grupo de homofóbicos, ¿De no haber muerto se tendría una ley que protegiera a los hombres y mujeres no heterosexuales de la exclusión? ¿Cuántos muertos necesita la sociedad chilena y/o mexicana para dejar de mofarse del mariconcito o de la “lencha” (lesbiana)?

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¿Qué estamos haciendo los no heterosexuales con todo ese odio y resentimiento ante la mayoría? En Heterofobia se plantea la posibilidad de un círculo vicioso en donde los homosexuales odien, y en consecuencia actúen, a los heterosexuales, y viceversa, convirtiendo nuestra existencia en una batalla campal; parece absurdo e ilógico, pero no han sido pocas las veces en que he escuchado expresiones heterofóbicas entre los homosexuales. Es cierto, que hemos sufrido opresión al ser minoría, pero aquí la apuesta es por no caer en la lógica de “al tú por tú”, sino en generar cambios, negociaciones y acuerdos.

En la obra, nuestros jóvenes actores homosexuales mueren antes del estreno de su obra. Un heterosexual muere también y la única sobreviviente, una actriz en decadencia, se ha dado cuenta hasta donde su homofobia, y la heterofobia de los otros, pueden llegar. A la nada. El odio irracional a lo diferente, la falta de empatía hacía el otro y la ignorancia han sido el caldo de cultivo de las fobias hacia las distintas expresiones de vida humana. Los estereotipos han venido a ser el alimento de los miedos y odios, el futuro debe apostar por el reconocimiento y el respeto, de todos hacia todos. ¿Algún día podremos vernos como humanos y dejar de etiquetarnos? ¿Algún día podremos acabar con las fobias hacia lo humano?

Artículo por Carlos Díaz

@Carlosdiaz1712

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

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