Imágenes para ver-te: De víctimas a victimarios

Hablar del racismo en México, en general, y en la comunidad LGBTTTIQ en particular, implica, en mi opinión, no desmarcarse de él en tanto víctima o agresor. Me atrevo a decir que, sino todos, una mayoría significativa hemos experimentado la discriminación racial o la hemos practicado de manera directa o en sus expresiones sutiles. En mi pasado reciente, no han sido pocas las ocasiones en las que he sentido pesar a causa de mi color de piel. Y es interesante, haciendo retrospectiva, que este issue no es sólo resultado del estímulo publicitario mexicano, en el cual se blanquea a los sujetos, a pesar que la mayoría de quienes habitamos este país no somos blancos, para ofrecernos imágenes de un fenotipo aspiracional que, en el imaginario colectivo, adquiere todo los atributos deseables, porque ser blanco es bueno y bello.

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Enfrentarte al espejo y darte cuenta que no, no eres como los personajes de la pareja gay del comercial de Colgate en México: blanco, alto, atractivo, con una sonrisa perfecta y de clase media alta. Tú, como la mayoría de nosotros, eres bajo o de estatura mediana, moreno, cuando no negro, lacio (no, tú no tienes risos definidos), con rasgos “toscos” y de clase trabajadora. Lo anterior, no sólo tu reflejo, lo evidencia. Las pantallas que rodean nuestra vida diaria, el ecosistema publicitario, los relatos cinematográficos hegemónicos y las revistas LGBT, señalan con sus imágenes sugestivas, eróticas y románticas que amor, sexo y éxito laboral están asociados con el color de la piel, con la estructura del cuerpo y los rasgos faciales.

Este panorama es el resultado, en mi opinión, de un cultivo histórico en nuestro país, en el cual la negación de nuestro origen indígena y la preponderancia del deseo por lo europeo, materializado en la piel blanca y sus relatos, crean un ámbito propicio para la exclusión basada en los rasgos físicos. Situación que, además, se agrava cuando, como dijo una vez dijo un exjefe: “además de prieto y pobre, maricón”.

Lunes 16 de mayo de 2016. En el Museo de la Ciudad de México se realizó una conferencia de prensa y recorrido a medios por la exposición Imágenes para ver-te. Una exhbición del racismo en México Fotografía: Milton Martóinez / Secretaria de Cultura CDMX

Así es, ser homosexual, moreno o negro y sin un perfil delicado o defino, en México, significa desvalorización, exclusión y vergüenza. “Imágenes para Ver-te. Una exhibición sobre el racismo en México”, instalada en el Museo de la Ciudad de México, la cual visité este fin de semana; me enfrentó no sólo a una serie de datos históricos sobre el odio racial en nuestro país, principalmente a negros e indígenas. A través de pinturas, objetos, fotografías, instalaciones, esculturas y vídeos, curadas por el biólogo, maestro en antropología social y etnografía César Carrillo Trueba, me vi encarado a mi realidad próxima con este fenómeno.

No quiero repetir un discurso tradicional apegado al papel de víctima. Sí, es cierto, de una u otra manera, manifiesta o velada, he sido víctima de la discriminación a causa de mi fenotipo oaxaqueño. No obstante, y eso suele ser difícil de reconocer, también he sido excluyente. Solía, en la universidad, consolarme asumiendo que “siempre habría uno más jodido que yo” en cuanto al físico.

¿Por qué alegrarnos del color más oscuro de piel del otro o de otros?, ¿Por qué negar nuestro color moreno y usar eufemismos como “moreno claro”, “apiñonado” o “bronceado”?, ¿Cuál es la génesis de esa alegría que provoca el que “no parezcas indígena”? o ¿Por qué excluir a quienes se acercan a nosotros, en plan romántico, porque está “feo”, “parece indio” y “de lo que se trata es de mejorar la raza”?, ¿Qué nos lleva a adquirir un sinfín de productos que nos promete hasta cuatro tonos menos?, ¿De dónde aprendimos tantas estupideces?

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Imágenes para ver-te, trata de responder a esta preguntas, desde la historia sí, pero, en mi opinión, la sala seis, es una bofetada directa, cuyas imágenes y palabras de discriminación, en un momento de honestidad, reconoces han salido de tu boca. En particular, hay una obra conformada por impresiones y recortes de notas de periódico, MEMES, impresiones de pantalla de redes sociales, entre otras, que evidencia un pésimo hábito de una mayoría significativa de la sociedad mexicana: denostar apelando al origen étnico, color de piel o condición social: “pinche naco”, “indio pata-rajada”, “cara de artesanía oaxaqueña”, entre otras perlitas.

En mi opinión, la discriminación basada en rasgos físicos u origen étnico alcanza niveles inverosímiles en el ambiente gay. ¿No me crees? ¿Has visto en algún medio de comunicación, revista, portal, website, blog, etc., que haga uso de imágenes de hombres homosexuales mexicanos con rasgos no americanizados?, ¿Has leído el área de comentarios de algún vlogger homosexual mexicano? Los insultos van desde “naco” hasta “indio”, “indígena”, “prieto” o “pobre”. Al parecer, los homosexuales nos hemos creído la idea que, sólo por serlo, estamos obligados a vivir una vida aspiracional, llena de glamour, evidenciando pertenecer a una clase media alta- alta, ser bellos, sanos y jóvenes. Dejando de lado la realidad, en la cual hay hombre homosexuales negros, morenos, indígenas, discapacitados, de clase trabajadora, culturalmente ajenos al ideal de belleza, entre otras múltiples alternativas de vida.

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Mantengo una la siguiente idea: Las personas no heterosexuales tenemos el compromiso social de ser los primeros en apostar por una sociedad no excluyente. Discriminar a causas de rasgos físicos es paradójico, inverosímil y habla de la encarnación, en nuestras vidas y cuerpos, de los relatos supremacistas, hegemónicos y violentos que, desde el patriarcado, hemos heredado respecto a nuestra forma de ver y tratar a los otros. Creer que ser blanco, delgado, joven, bello o con poder adquisitivo, nos hace mejores que otros, es igual a afirmar que ser heterosexual es una condición superior en relación con quienes no lo son.

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No son pocas las personas de la diversidad sexual que día a día luchan con estructuras sociales, culturales, políticas y religiosas en la búsqueda del reconocimiento de los derechos que, al igual que las personas heterosexuales, somos susceptibles de tener. Entonces, ¿No suena estúpido exigir al gobierno inclusión legislativa y social, aludiendo al respeto a las diferencias, mientras que en otros escenarios de nuestras vidas, excluimos a aquellos que son diferentes a nosotros por su color de piel, origen étnico o condición social? En mi opinión, “Imágenes para Ver-te. Una exhibición sobre el racismo en México” es ese balde de agua fría que se arroja a tu cara para sacudirte de la zona cómoda que como persona no heterosexual asumimos: la victimización, y te hace ver que, al igual que los heterosexuales, somos excluyentes y discriminamos sobre la base de argumentos falsos, cuando no mediocres. El color de piel, como la orientación sexual, no es algo que se elija, se es. ¡Gente, optemos por no discriminar!

 

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

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