La Pluma Nocturna

Bajo la luz de la luna menguante, me encuentro en reflexión pura y me surje casi como por arte y magia la interrogante, ¿cuál es la diferencia entre el deber y el querer, la libertad y el libertinaje, la moral y la ética, lo correcto e incorrecto?

Yo nací en una familia de carácter conservador, en esencia, una familia de caballeros donde el Deber va primero que el Placer, donde la Libertad está presente pero limitada por una moral arraigada por siglos de tradición y de seguir la misma linea de educación. Probablemente esto creó en mí conflictos existenciales fuertes, y en mi vida fui muchas cosas, entre ellas fui racista, fui clasista, fui homofóbico, fui bully, pero también he tenido tiempos de luz, pues como está escrito, “todo lo que toca el Sol tiene su tiempo, hay tiempo para todo…”, y en efecto, hay “tiempo de derruir y tiempo de edificar, tiempo de tirar las piedras y tiempo de recogerlas…”, y sin duda ya es tiempo.

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He descubierto que en esta aventura que llamamos vida no hay lineas rectas, no hay patrones establecidos, y mientras más cerrada es una mente menos percibe de la inmensidad del Universo. La luz puede ser cegadora si es muy intensa, y la soberbia hace caer hasta al más sabio, y en arrogancia mucho tiempo y tal vez, sólo tal vez, y cayendo de nuevo en esa soberbia, me he dedicado a auto sabotearme las cosas buenas que me pasan en la vida. No sé si les haya pasado que cuando más cerca están de conseguir algo que deseaban desde largo tiempo, un bien material, un logro académico, una relación de ensueño, algo dentro de ustedes, algo oscuro y siniestro, pero que forma parte del Alter-Ego de cada individuo, se vuelca en su contra y destruye lo que tanto trabajo, esfuerzo y dolor te ha costado construir. Tal vez este no sea su caso, y si no es así, en verdad que admiro tanto a esas personas que encuentran en su Ser la esencia misma de la Voluntad, esa fuerza de la que muchos carecemos y que tanta falta nos haría para construir los puentes a nuestros sueños.

Es hasta cuando uno deja de luchar en contra de uno mismo y se acepta en sus dos dualidades indivisibles que uno empieza a tomar el control. Todos tenemos una Dualidad que es Indivisible, Luz y Oscuridad, luchando eternamente desde el mismo instante en que se es uno concebido, hasta el momento en el que uno pasa a formar parte de algo más sublime, es por eso que somos indivi-duos, duos indivisibles.

No debemos olvidar jamás que esta vida es sólo un campo de entrenamiento, una escuela para ir purgando nuestros defectos, y ser mejores cada día, pero… ¿mejores que quién o según quién?, pues esa respuesta sólo la puedes encontrar mirando fijamente a los ojos a aquella persona que se manifieste ante ti al observar un espejo. Somos seres solitarios con tendencia a socializar, a tratar de encajar, a cambiar para pertenecer, en vez de abrazar con fuerza lo que en verdad somos, y así compartir con los otros seres solitarios nuestra luz, porque a como yo lo veo, todos somos como el fuego que desprenden las velas, no importa si la vela es blanca, negra, roja, aromática, con formas deleitantes y exquisitos decorativos, todas, desde la más cara hasta la más barata, la grande o la rota, todas sus flamas son identicas en sí, como si fueran parte de lo mismo, separadas, pero unidas en esencia.

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Esa llama es la que debemos evitar extinguirse, nuestro deber es avivarla, mejorarla, protegerla, y si ese deber ya está cubierto en nosotros, ¿por qué no?, ayudar a quién sus fuerzas emocionales no le permitan cumplir temporalmente con su deber. No será hasta que comprenda la Humanidad que todos somos parte de una Unidad, que podremos verdaderamente entendernos los unos a otros, y sentir nuestros corazones palpitar al unisono.

“Aquél que salva una vida, salva a la Humanidad”, es un dicho muy frecuentado por quienes creemos en la Verdad y el Amor. ¿Cuál Verdad?, pues la que yace arraigada muy en el fondo de los corazones de todos los individuos, la Verdad de la Unidad, la Verdad del Amor. ¿Qué es el Amor?, pues más allá de sus manifestaciones físicas o químicas entre los individuos, el Amor es la energía más poderosa que haya manifestado esta realidad, es la energía que tiene el poder, como decían los antiguos griegos, “el Amor es la energía que une a todos los cuerpos, el odio es aquella que los separa”. El Amor es una energía que en su estado puro no es concebible para el ser humano, es imposible definir al Amor por su esencia, ya que la esencia misma del Amor es el Amor mismo, como la de la gravedad, que podemos medir pero no definir, y sólo nos quedamos con lo que son sus manifestaciones más claras nos dejan entrever

. La Templanza es la Virtud que existe para ayudarnos a controlar las pasiones desbordadas, pero las virtudes son como musculos, que para que funcionen requieren de ser ejercitadas, sino, se pierden, se olvidan y como todo lo que es olvidado, verdaderamente muere.

Mi vida y las que se han cruzado en la mía me han servido de lecciones, algunas fuertes y algunas otras no tanto, de algunas he aprendido, y de otras sólo tengo la experiencia guardada, como esperando ser reencontrada y finalmente aprendida. En este camino en el que paralelamente caminamos todos, en especial en esta comunidad LGBTTTIQ y me gustaría agregar la H de heterosexuales, y todas las siglas que me hagan falta, todos estamos unidos por el mismo destino, la misma esencia humana, y debemos reconocernos como iguales, aprender a aceptarnos aunque a veces no nos entendamos, por el simple Amor que debiese ser característica inocua del ser humano per ce.

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“La vida humana, con sus vicisitudes y sufrimientos, ha sido apropiadamente llamada un campo de entrenamiento, la escuela de la vida, en la cual, la lección principal a aprender es la eliminación del egoísmo en todas sus formas. El egoísmo, la “horrenda gran herejía”, es una negación del hecho de la unidad y será visto como el origen de muchos problemas de la humanidad. De manera similar, todo aquello que contribuya a demoler los muros de la separación —el altruísmo, la compasión, el Amor—- debe promover la evolución espiritual del individuo y de la especie humana”.   Geoffrey A. Farthing, La deidad, el cosmos y el hombre, pág. 18.

Sueño con que algún día, homosexuales, heterosexuales, bisexuales, transexuales, transgénero, y todos los demás géneros existentes y por existir, puedan convivir en armonía viviendo cada uno su vida en libertad evitando a toda costa el libertinaje; que la libertad nos permita expresarnos completamente sin prejuicios ni errores, y que ese día sea eterno, que su duración no sea cuantificable, y el Amor verdadero envuelva las mentes de todo ser pensante sobre la faz de la tierra. Hasta la próxima, espero les haya gustado este pequeño, o largo dependiendo de quien lo lea, esbozo general de ideas de una medianoche, que sus días estén llenos de luz y energía, me despido con un cálido beso desde el corazón.

Su escritor Jorge Sordo.

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