México con “J”

“Ahí va un joto” suelen murmurar en México cuando un homosexual camina por la calle o cuando se rumora que un hombre lo es, o parece serlo. Ser “joto” en México implica, desde la heteronormatividad, una vergüenza que necesariamente conlleva a burlas, discriminación, violencia (tanto física como psicológica), así como a la relación con un estereotipo frecuentemente asociado con la caricatura exagerada de un hombre amanerado que cae en lo ridículo.

El término mexicano “joto” connota el mismo significado que maricón, puñal, puto, lilo o mariposón: homosexual, y sirve de igual manera que todos ellos para ofender, degradar, avergonzar y ridiculizar a cualquiera que sea, parezca o se comporte como tal. El origen de dicho adjetivo (reconocido por la Real Academia Española) se remonta a la época del porfiriato, y nace específicamente en el Palacio Negro de Lecumberri, antigua cárcel de la capital mexicana, en la cual los presos eran organizados y divididos en diferentes crujías de acuerdo al delito que cometía, así habían desde delincuentes peligrosos hasta presos políticos, sin embargo, la más famosa ha sido la crujía “J” a la que enviaban a todos aquellos que cometían el delito de la homosexualidad. De ahí surge que a los homosexuales se les llame “jotos”.

Sin embargo, como señala Víctor Federico López, los jotos en México han pasado del escarnio a la celebración. Si bien no todos, ni en todos lugares; en el imaginario colectivo la imagen del homosexual en este país por excelencia machista, misógino y homofóbico, ha cambiado, y está cambiando. Hoy podríamos celebrar las uniones civiles entre parejas del mismo sexo que se pueden llevar a cabo en el DF y en otros estados del país, como Colima, Quintana Roo y Oaxaca, gracias a los vacios legales en el código civil. También, la presencia cada vez más frecuentes de personalidades gays en los medios de comunicación, principalmente del espectáculo, que aunque no necesariamente cambian el estereotipo del homosexual, promueven la tolerancia, el respeto, así como la comprensión hacia los “jotos”, cosa antes imposible de decir en público. Y si bien, otros espacios como la política, el deporte y la milicia aún permanecen encerrados en el clóset, los rumores de que en ellos también existen homosexuales cada vez son más fuertes, sólo resta esperar a que se animen a salir del él.

Es cierto que en México los homosexuales han dado pasos significativos en el largo camino hacia el respeto de la diversidad y orientación sexual de cada individuo, aún cuando el surgimiento del SIDA en tierras aztecas en 1980 diera retroceso a esta marcha. No obstante, repito, no ha sido para todos ni en todos los lugares. A pesar de los logros obtenidos en ciertas ciudades, principalmente, la realidad es que aún existe marginación y discriminación en zonas menos desarrolladas (rurales); y a mi parecer, todavía la sociedad sigue juzgando como “anormal” la atracción erótica y/o el afecto (más allá de la amistad) entre dos hombres.

Se han realizado muchas campañas contra la discriminación hacía otras orientaciones sexuales distintas a la heterosexual, sin embargo, aún continuamos escuchando en diferentes espacios educativos, laborales, deportivos, etc., expresiones como: “no seas joto”, “mira que jotito te ves”, “pareces joto”, “ni que fuera joto”, etc. Las cuales no sólo denigran el ser homosexual sino que lo confinan al mismo a un estereotipo que no necesariamente comprende a la realidad, pues el gay no sólo es una “jota”, que “jotea”, es decir, el homosexual no necesariamente debe ser un afeminado, que reniega de su condición de hombre, ni mucho menos de su masculinidad, y que busque siempre imitar las formas de la mujer (lo que tampoco debería verse como algo “negativo”). Los homosexuales son hombres que gustan de tener sexo con otros hombres, lo que no los hace mujeres.

México está cambiando y parte de este cambio son los homosexuales. Hombres que desde sus trincheras diversas, luchan por el reconocimiento y respeto que merecen. A pesar de que hay quienes se esconden bajo el anonimato, la doble vida, los chats de encuentros sexuales casuales, o matrimonios forzados; otros están escribiendo una historia diferente de dignidad y aceptación. Las nuevas generaciones aceptan su homosexualidad sin miedos y sin reservas. Y esto, desde mi perspectiva, es digno de compartir.

El libro México se escribe con “J” me ha inspirado grandemente a unirme al esfuerzo de los gays, lesbianas y heterosexuales que buscan, a través de la concientización y el trabajo escrito, fotográfico, teatral, documental, etc., la sensibilización de la sociedad en general hacía estos hombres y mujeres, cuya única diferencia es sentirse atraídos sexual y afectivamente por otro sujeto de su mismo sexo. Creo firmemente que sólo unidos, y trabajando cada uno desde nuestras trincheras, podremos lograr una sociedad más incluyente, en donde el respeto a los demás sea la base de la convivencia.

getImgBig.php[1] En homenaje al trabajo de investigación de Michael K. Schuessler y Miguel Capistrán (coordinadores): México se escribe con J, una obra pionera en el tema, que en palabras de Luís Zapata, quien escribe el prólogo de la misma, “viene a llenar el gran vacío que existía en torno a la cultura gay de nuestro país [México]. El texto publicado por editorial planeta, aborda temas varios: literatura, música, artes plásticas, fotografía y cine; espacios en donde con el devenir de los años, y tras una ardua y constante lucha, los homosexuales mexicanos han combatido el estereotipo tradicional del homosexual, el cual los había confinado a la imagen de un hombre afeminado, burlesco, frívolo, amanerado, es decir, el típico “lilo que sólo parecía interesarse en jotear” (Zapata, 2010,12). México se escribe con J, representa un esfuerzo por reunir a las plumas más significativas del país, algunas homosexuales otras no, para dar fe de las expresiones de la cultura homosexual en México.

Artículo por Carlos Díaz

@Carlosdiaz1712

facebook.com/CarlosDiazAzcona

En ServicioDeAgencia estamos a favor de la libertad de expresión y ofrecemos un espacio donde es bienvenida la diversidad.
¿Te gusto? ¡Compártelo!

Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *