Mi Historia de Acoso

El día de hoy les contaré algo que me ocurrió hace ya varios años, que a solo algunas personas se lo he compartido ya entrados en más confianza, algunas veces con unas copas encima, y otras totalmente sobrio tratando de orientarlos sobre ciertas situaciones que bien a veces no se es tomado en cuenta por el simple hecho de ser hombres: Ésta es mi historia de acoso.

Todo ocurrió cuando yo tenía al rededor de 14 años de edad, cursaba el segundo año de secundaria en la capital del estado de Guerrero. En ese entonces solía ser un chico muy reservado, tenía muy pocos amigos, no salía a fiestas y principalmente me concentraba en las actividades de la escuela. Era el típico estudiante que destacaba con altas calificaciones en sus materias y que varios compañeros catalogarían como “ñoño”. Siempre he sido de complexión muy delgada y de estatura baja por lo que suelo aparentar una edad menor a la que tengo, lo cual me hacía un blanco fácil para el bullying, pero para mí suerte tengo un hermano mayor que era del grupo de chicos “populares” que para esa edad es como tener una barrera de protección invisible, la cual dentro de la escuela los compañeros no pueden ignorar, sin embargo eso únicamente funciona dentro del contexto escolar.

Dentro del pequeño grupo de amigos que había hecho para ese entonces, existía un chico que recién había conocido a finales del ciclo escolar anterior. Él era el primo de una compañera que estudiaba en el mismo grado y grupo que yo, recién había llegado a vivir a la ciudad y había sido inscrito también con nosotros, por lo que al no conocer a más personas se nos unió. Al principio nuestra relación era un tanto mala y distante, pero con el tiempo nos comenzamos a entender mejor e hicimos un fuerte lazo de amistad. Para no dar su nombre lo llamaremos “L”.

L era originario de Acapulco, sus papás estaban divorciados, su madre radicaba en EEUU y su padre en otra ciudad, por lo que quedó a cargo de él su abuela quien tenía largas jornadas laborales y no podía estar tan al pendiente de las actividades que él realizaba. A pesar de todo esto L lograba obtener buenas calificaciones en la escuela y ella le tenía mucha confianza. Al establecer una buena amistad conmigo él comenzó a confiarme sobre sus tempranas experiencias amorosas y sexuales que había tenido desde hacía ya un par de años con varias personas. Yo era un inexperto en el tema, nunca había tenido un acercamiento de ninguna de esas formas con otra persona por lo que solía únicamente escucharlo sin opinar.

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Un día L llegó con una noticia nueva, había conocido a una persona a través del ahora extinto messenger, solían platicar mucho y se vieron algunas veces en persona. Al poco tiempo comenzaron a tener una relación de pareja, sin embargo yo no preguntaba muchos detalles sobre eso, como solía hacerlo siempre, solo escuchaba atentamente lo que él quería compartirme. Tiempo más adelante L nos presentó. Resultaba que su pareja a quien llamaremos “T”, era un hombre de al rededor de los 32 años, moreno y de complexión media que solía utilizar barba de candado. Era muy atento con ambos y me había parecido alguien de personalidad agradable a primera vista.

Después de un tiempo me pidió mi número telefónico, cosa que no vi mal ya que en ocasiones me llamaba al celular cuando L no le contestaba los mensajes o llamadas. T algunas veces iba a la secundaria en su automóvil por L, por lo que lo llegué a ver un par de ocasiones más e inclusive en algunas otras se había ofrecido a llevarme a casa, yo declinaba su oferta ya que vivía a las afueras de la ciudad y en sentido opuesto en el que vivía L.

Con el pasar del tiempo T comenzaba a llamarme y mandarme mensajes preguntando acerca de mi día, y en ocasiones charlábamos de cosas muy triviales. Un día me invitó a salir con él y con L al centro histórico de la ciudad, yo acepté y pregunté el lugar y la hora donde los vería. Llegué puntualmente y estuve esperando unos minutos, T llegó solo y nos saludamos como de costumbre, me dijo que L le había avisado que se había atrasado (cosa que no se me hizo raro porque solía ser muy impuntual) por lo que me pidió acompañarlo a comprar algunas cosas que necesitaba. Nos dirigimos a su automóvil, lo abordamos y comenzó a conducir alejándose del lugar en donde estábamos, me informó que debía pasar a su casa ya que había olvidado algunas más, yo comencé a sentirme nervioso por ese hecho y solo fijó su mirada en mí.

Se estacionó frente a una iglesia y me dijo que lo acompañara, accedí y abrió la puerta de una casa, yo me quedé un momento afuera y me dijo que pasara para no estarlo esperando en la calle. Al entrar me puse a un lado de un escritorio muy cerca de la puerta ya que me sentía muy incómodo, él comenzó a buscar y sacar algunas cosas de cajones. Luego se acercó a mí y me dijo que le gustaba mucho y me acorraló contra el escritorio, yo no podía creer que era lo que estaba pasando. Tenía mucho miedo y estaba prácticamente en shock.

Comenzó a preguntarme si tenía pareja y si alguna vez había tenido relaciones con alguien, a lo cual me quedé callado. Comenzó a reír y se acercó aún más, yo estaba totalmente paralizado, me dio un beso en los labios y luego se alejó para seguir buscando más cosas. Cuando vi que me dio la espalda y pude moverme fui hacia la puerta y salí, me sentía muy mal, estaba temblando y traté de caminar en sentido contrario al de la circulación de los autos en zigzag pues tenía miedo de que abordará su auto y me obligará a regresar. T comenzó a marcar y yo solo a colgar las llamadas, después me preguntaba mediante mensajes el porqué de haberme ido a lo cual claramente yo no respondí.

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Llegando nuevamente al centro histórico me senté en una banca y traté de pensar qué hacer, estaba temeroso y no podía concentrarme, no sabía a quien contarle lo que había pasado ni cómo contarlo. Después de unos minutos llamé a L al celular y después de un rato respondió, pregunté dónde estaba y contestó que en su casa. Le pedí que llegara a donde yo estaba sin decirle más acerca del asunto, él se apresuró y llegó casi en seguida. Comencé a contarle lo sucedido y trató de tranquilizarme, no sabíamos qué hacer puesto que en ese entonces estábamos ambos dentro del closet y temíamos no solamente a que no nos creyeran, sino a ser expuestos y señalados ante nuestras familias y demás personas. L me dijo que hablaría con él y me acompañó a tomar al transporte hacia mi casa.

Al siguiente día nos vimos L y yo en la escuela, mi celular comenzó a sonar varias veces durante el horario de clases, era T marcándome. Volví a colgar en todas y cada una de las ocasiones mostrándole a L a la hora del receso lo que estaba pasando. Me comentó que habían terminado y que le pidió que no nos volviera a hablar. Durante días sin un patrón determinado, T marcaba o mandaba mensajes diciendo que me quería ver. En otras ocasiones estaba afuera de la escuela dentro de su auto y yo caminaba por la calle con mis compañeros tratando de hacer como que no lo veía. Me sentía aterrado.

Eso perduró durante los tres meses siguientes. L y yo continuábamos sin saber qué hacer, las llamadas y mensajes se hacían cada vez más frecuentes, tenía cada ves más miedo al grado que me retraí aún más. Trataba de irme de inmediato a mi casa saliendo de la escuela y me resistía a salir de ella por temor a que me lo encontrara. Después de un tiempo comenzaba a llamar a mi casa, yo cada ocasión que sonaba el teléfono corría a responderlo ya que allí no tenía un mayor control sobre quién fuera quien marcara. Me amenazaba diciendo que si no accedía a verlo y hacer lo que él me pidiera, iría a la colonia donde vivía y se pasearía por las calles preguntando por mí, que en el momento en que encontrara mi casa le diría mis padres que habíamos mantenido relaciones y que me iba a ir mal a mi.

Me afectaba la situación sobremanera, tenía pesadillas y me sentía acorralado. En ocasiones tenía ganas de llorar y sentía una gran impotencia. Finalmente un día mi hermano y yo nos quedamos en casa jugando cartas, sonó el teléfono y como de costumbre corrí a atender la llamada. En efecto era T nuevamente haciendo amenazas, yo no resistía ya la situación, quería gritar y llorar, pero no podía demostrar qué pasaba ya que mi hermano estaba a unos cuantos metros de distancia. Fue entonces cuando me llené de valor, lo insulté y dije que hiciera lo que quisiera, que estaba harto de sus amenazas que estaría esperando cuando me encontrara y sería mi palabra contra la mía. Colgué el teléfono, estaba temblando y mi hermano se quedó viendo, pero no preguntó nada. Le dije que estaba cansado y me fui a acostar.

Esa fue la última vez que recibí una llamada de T. Si se lo preguntan por supuesto que me lo volví a encontrar en la calle un par de ocasiones, las dos ocasiones yo iba acompañado de amigos y en una de ellas estaba incluso L, pero no bajé en ninguna de ellas la mirada ni traté de esconderme, al contrario lo vi fijamente esperando provocar alguna reacción en él sin tener respuesta alguna.

Con esta historia quisiera dejar en claro primero, que no soy un mártir y a veces hay situaciones que se comienzan a solucionar con el empoderamiento, en segundo, que nadie que esté pasando por una situación similar está solo. La falta de información por un gran segmento de la población acerca de cómo actuar ante situaciones como ésta es la que nos mantiene desprotegidos. Si necesitas apoyo u orientación puedes escribirme directamente a mi cuenta personal de Twitter, estoy como @FredOleaP. Te invito a compartir la historia y a leer las demás se iones que tenemos dentro del blog y la página. Saludos.

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Alfredo Olea

Alfredo Olea, psicólogo de orientación psicoanalítica.

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