¡Qué mi jefe no descubra que soy gay!

Es el momento de hablar de discriminación laboral en México por orientación sexual y estoy rogando ¡Qué mi jefe no descubra que soy gay, please!:

 

Hace un mes decidí, por crecimiento profesional, cambiar de trabajo. No fue fácil, pero como dicen: “El que persevera, alcanza”. Así que, tras seis meses de buscar una oferta laboral que conjugara mi pasión por la comunicación y el tercer sector, me abrieron las puertas en una fundación, en la cual he encontrado la oportunidad de hacer lo que me apasiona: Comunicar.

¡Qué mi jefe no descubra que soy gay!

No obstante, debo reconocer que después de la tercera semana, me ha surgido un big issues existencial: ¿Y si descubren que soy gay? OK, debo confesar que, claramente, no soy el epitome de la masculinidad heterosexual a ultranza, y menos, el estereotipo de machito chilango clase media con título profesional. Vamos no soy del tipo “varonil discreto” que muchos pregonan ser, pero que olvidan al primer compás de alguna canción de las llamadas “Divas del pop”. No obstante, tampoco grito a los cuatro vientos “Hey everybody, soy gay”.

Y sí, es cierto que la Ciudad de México tiene una infraestructura de políticas públicas destinadas a proteger los derechos humanos de la población LGBTTIQ. No obstante, como dice mi madre: “El papel aguanta todo lo que pongan”. Así, las leyes. No podemos negar que tanto CONAPRED[1] y COPRED[2] hacen esfuerzos importantes e intervienen de manera concreta ante las denuncias de casos de discriminación por motivos varios: étnicos, de género, orientación sexual, clase social o discapacidad.

Sin embargo, también es una realidad que no todas las personas que sufren actos de discriminación tienen, o tenemos, la cultura de la denuncia. De hecho, es un problema social que se extiende en diferentes casos: extorsión, robos, violencia, abuso sexual, etc. ¡Y no lo digo por decir! Ahí les va el dato:

En 2014 se presentó los resultados de la Encuesta Nacional sobre Homofobia y el Mundo Laboral en México, la cual fue realizada por Enehache, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la organización Espolea. En está—según señala Forbes—se reveló que 1 de cada 3 personas homosexuales fueron víctimas de algún tipo de discriminación en su lugar de trabajo. Por otra parte, el 20% de los 2,284 individuos que conformaron la muestra efectiva de la encuesta, afirmaron que fueron cuestionados por su orientación sexual o identidad de género antes de ser contratadas – ¿Cómo por?—y a un 14% se le negó el empleo al afirmar ser homosexual, transexual, transgénero, etc.

Ante este panorama, y considerando que contamos con una infraestructura jurídica para enfrentar estos ejemplos de exclusión laboral por motivos prejuiciosos, sucede que según la encuesta anterior, únicamente, el 17% de los encuestados acudieron a las instancias correspondientes a presentar una queja o denuncia. O sea, y si mis matemáticas no me fallan, de 2, 284 sólo 388 víctimas buscaron apoyo institucional para hacer valer su derecho y dignidad humana al trabajo.

Los motivos se dividen entre la ignorancia de las normatividades legales disponibles para la protección de las víctimas de discriminación laboral a causa de su orientación sexual, la poca credibilidad o confianza en la justicia mexicana – la verdad abundan ejemplos de incompetencia en cuanto a la impartición de justicia en nuestro país— y la dificultad de probar, ante la justicia, – otra vez—que el despido o la no contratación tiene como causa la homofobia o transfobia.

Con todo, es importante señalar que también existe el miedo de aceptarse homosexual, por ejemplo, ante la autoridad al denunciar. ¡Y no es culpa de las víctimas! Hay toda una infraestructura cultural, basada en el machismo, los prejuicios y estereotipos, que hace al miedo, o la vergüenza, mayor a la dignidad. Nos da miedo que, al denunciar, el policía o la autoridad en cuestión, en lugar de ayudar, salga con alguna de las siguientes perlitas: “Uy joven, usted también porque es gay”, o “Eso le pasa por gustarle el arroz con popote”, o la peor “Mejor no le mueva, se va a meter en problemas”, eso en el mejor de los casos. También es posible que se presente una doble discriminación, una laboral y otra por parte de la autoridad. ¡En México todo es posible queridos!

Volviendo a mi dilema. Confieso que me causa un poco de estrés responder mi orientación sexual cuando, llegado el momento, me pregunten: ¿Eres gay? Y no porque me avergüence serlo, tampoco por las burlas, comentarios jocosos o indirectas. En serio, si pude sobrevivir al bullying de la secundaria y preparatoria, esto es cosa de novatos, mi capacidad de resiliencia me permite hacer frente a este tipo de situaciones. Lo que realmente me preocupa es que, a causa de mi orientación sexual, se juzgue mi competitividad laboral. Es decir, que se llegue a pensar que por el hecho de no ser heterosexual, no pueda desempeñarme correctamente. ¡O peor! Que elaboren escenarios en los cuales sea desfavorecido, por ejemplo, que piensen que me quiero ligar a todos los hombres del lugar, o cualquier otro planteamiento inverosímil.

¿Saben? Eso es lo que me causa más estrés, ¿Cómo por qué tendría que estar preparado para escenarios desfavorables a mi persona sólo por admitir mi orientación sexual?, ¿En dónde queda la libertad de ser, de vivir una vida habitable según lo que sentimos y somos? ¡Claro que sé a dónde acudir en caso de discriminación! Pero, ¿Mi voz será suficiente para iniciar una denuncia? ¿Para que la hagan válida? Al parecer no. Porque además, la discriminación se presenta de manera directa, pero también soft, por ejemplo, no reconociendo el trabajo realizado, ausencia de ascenso laboral o estancamiento profesional.

Les comparto este texto sobre la discriminación laboral a personas LGBT en España. Ahí, la autora señala que, según la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales, se reconocen tres categorías de discriminación: 1) las acciones directas, tipo agresiones verbales y físicas, amenazas, sobrecarga de trabajo o el empeoramiento de las condiciones del mismo por el hecho de ser homosexual, bisexual o transexual. 2) Las acciones que deterioran las condiciones de trabajo, generando—por consecuencia—la renuncia de la víctima. Y las que se señalaron en el párrafo anterior. Y claro está, el despido sin causa justificada sólo porque tu jefe (a) o compañeros (as) sean homofóbicos y no han aprendido a respetar la diversidad humana.

Sí, tenemos marcos jurídicos que garantizan la protección, a nivel macro, de las vidas no heterosexuales. Sin embargo, en la praxis, en los niveles micro, las cosas cambian. Por tanto, aún quedan asignaturas pendientes para gobiernos, autoridades y personas de la diversidad sexual, en lo referente a la búsqueda y consolidación del derecho a ambientes laborales libres de discriminación. ¡Y no, no es que las personas no heterosexuales seamos conflictivas y a todo le pongamos “peros”! Se trata de vivir con dignidad, como lo hace cualquier heterosexual en su lugar de trabajo.

Afortunadamente, me mantengo optimista ante este panorama. Espero, enfrentar la situación, llegado el momento, anteponiendo siempre mi dignidad—que dicho sea de paso, mucho trabajo me costó construir—. No obstante, uno no puede ser individualista, de eso ya tenemos mucho. Me preocupan los otros que, como yo, tendremos que enfrentar el hecho de “revelar” nuestra orientación sexual, sabiendo que en ello se nos puede ir el trabajo de nuestros sueños o el sustento del hogar. Por eso comparto con ustedes este asunto personal, ¡Tenemos que informarnos, denunciar y apoyar a otros con menos capital de conocimiento respecto al tema!

Deseo que en un futuro ningún hombre o mujer, tenga que preocuparse por aceptar públicamente, en su campo laboral, su condición homosexual, bisexual o trans; porque la capacidad de aportar valor a la empresa para la que laboramos, nada tiene que ver con el hecho de amar a alguien de nuestro mismo sexo.

Sí tú te encuentras en un ambiente hostil en tu trabajo a causa de tu orientación sexual, no dudes en consultar los siguientes sitios. ¡Lee, pregunta, infórmate!

[1] Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación

[2] Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en la Ciudad de México

 

Por Carlos Díaz

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

2 thoughts on “¡Qué mi jefe no descubra que soy gay!

  1. Es algo extraño que alguien que escribe en un portal gay tenga un plan de vida que incluye actividades ‘dentro del closet’. ¿Hipocresía, miedo o las dos anteriores?. Me llama la atención que si el trabajo es en una fundación y que en un gran porcentaje estas son cristianas o relacionadas con, haya aceptado un trabajo por ‘mejorar’…. Otra vez el fantasma del gay que se hace el sufrido cuando sabe bien que también como gays no debemos entregar nuestro talento a empresas o instituciones con posibles brotes de homofobia/

    1. Uno más. ¡Gracias por tu comentario! 1. No hubo intensión de encarnar a un sujeto sufrido. Más bien, en estrés, al dimensionar un posible escenario homofóbico. Considero que es una situación válida. Uno no va por la vida, pensando un trabajo, puesto u oportunidad laboral en función de su orientación sexual, sin embargo, cuando reparas en tu condición no heterosexual brotan preocupaciones válidas en función del contexto cultural en el que habitamos. 2. De vivir en el closet nada. Ahí se explica que, llegado el momento se dirá la verdad y que sea lo que tenga que ser, ello no significa que tal evento no genere tensión en el autor, ¿por qué? Porque no tendría porque enfrentar tal situación, si viviéramos en una sociedad abierta a la diversidad. ¿A un hombre heterosexual le preguntan: es usted heterosexual? No, entonces ¿no debería ser igual para los homosexuales? Uno va a trabajar no a andar explicando su vida. 3: Debemos aceptar la idea persona de mejorar de las personas, siempre que ésta no dañe a terceros, considero que las personas no heterosexuales podemos desarrollarnos con éxito en cualquier ámbito laboral, más si éste está dentro de nuestro proyecto de vida. El fútbol o el deporte en general es un ámbito de 99.9% heterosexual- machista, pero no por eso las personas homosexuales, con habilidades y pasión por los deportes, deberían abstenerse de participar. La cuestión, y aquí seguro podemos contar con tu ayuda, es trabajar en conjunto para construir una sociedad incluyente, respetuosa y que valoren a las personas por lo que aportan. ¡Saludos!

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