Mi primera cita… LGBT

¿Recuerdan su primera cita? ¿El nerviosismo que acompaña la espera? ¿Los temores que se agolpan en el pecho ante la idea de no ser, suficientemente, atractivo para el otro? En una época marcada por la automatización de los encuentros entre hombres homosexuales, que surgen al abrigo de las aplicaciones de “ligue gay” y, frecuentemente, culmina en sexo sin compromiso, la obra de Roberto Verástegui resulta oportuna, cómicamente acertada y divertida en extremo. El espectador no deja de identificarse con los personajes en escena.

Mi primera cita LGBT, en su versión para hombres gays, forma parte de un triada concebida por el director y dramaturgo Roberto Verástegui, las otras dos exponen el mismo asunto para lesbianas y mujeres trans. La trama es sencilla: Raúl (Carlos Valadez) y Jaime (Ruberli) son dos hombres completamente diferentes, quienes nunca en su vida han tenido una cita. Un día, por presión de la familia y amigos, son obligados a asistir a una cita a ciegas organizada por internet.

Actuar es encarnar: Carlos Valadez

Uno de los méritos de la obra es la actuación versátil de Carlos Valadez. Cuatro personajes fueron interpretados por éste sin otro mérito que el cambio de voz y la expresión corporal, si acaso uno de ellos requirió un cambio de vestuario, más por su pertinencia en la escena que por necesidad del actor. No obstante, como Raúl, Valadez mostró su capacidad de encarnar los miedos, frustraciones e inseguridades que pululan en el ecosistema homosexual. Logró, a través de sus gestos, empatizar con los espectadores, cuyas risas develaron el reconocimiento de las emociones, sentimientos y pesares que el personaje expone de una manera cómica, tierna y, a la vez, nostálgica.

La soltería como penitencia permanente del homosexual se aborda, en la obra, desde una óptica de la auto-burla, la desvalorización propia y la baja autoestima. No obstante, Valadez logra conectar, emocionalmente, con el público a través de su personaje, logrando que aquellos sientan ternura por el torpe y tímido Raúl.

Por otra parte, Jaime, interpretado por Ruberli, es un guiño al homosexual promedio de la CDMX. El cual se construye desde la hiper-feminización, los recursos de la cultura gay y las referencias provenientes del internet. No obstante, es preciso reconocer la capacidad del actor al encarnar a un personaje opuesto: el mesero. Aunque estereotipo del denominado “chacal”, su ejecución es suficiente para propiciar sonrisas en el público.

Menos es más…

Escenográficamente la obra es austera.

Aunque, tampoco requiere de una producción en exceso. El director entiende que no es la escenografía el fuerte de su obra, sino la actuación. No obstante, echa mano de ciertos recursos visuales para conectar con el público a través de iconos comunes en la comunicación digital (emojis). Respecto al vestuario no hay mucho que decir. Una producción austera en general.

Sobre la soledad y el imperativo de estar emparejado…

Mi primera cita LGBT aborda temas interesantes bajo el velo de la comicidad, sin que este recurso les reste importancia. Retrata, desde el humor, los pesares que aquejan al hombre gay promedio: la soltería, así como la difícil tarea de encontrar al “amor de tu vida”.

La presión social…

…que tanto la familia como los amigos pueden llegar a ejercer hacia el gay soltero, no pasa desapercibida en la obra. Repitiendo así el patrón tradicional que condiciona la felicidad de una persona a su capacidad para encontrar pareja. Como las mujeres, los hombres homosexuales, parecen estar obligados a tener a un hombre a su lado, el cual los hará sentirse completos, plenos y valorados. Ese afán, casi enfermizo en algunos, de sentirse amado, deseado y procurado por un hombre es una herencia heterosexual que nos viene desde diversos ángulos: televisión, revistas, novelas, etc., y que, al igual que las mujeres, los homosexuales han aceptado. Quizás, por eso, aunque confuso, el final de Mi primera cita LGBT es poco convencional, da un giro al desenlace imaginado y deja a los personajes en la realidad de nuestros días.

Es cierto, el final es el punto más débil de la obra, aunque una excelente área de oportunidad para el director, quien debería aportar por un cierre reivindicativo, fuerte y alentador para un público que, de inmediato, se convirtió en miembro de “Solteros Unidos A.C.” lo que infiere la existencia de una cantidad de hombres que deambulan buscando el amor, como condición para ser feliz. ¿Lo es?

Simple, pero poderosamente entretenida, Mi primera cita LGBT es ligera a tal grado que el tiempo pasa desapercibido. Con una corta temporada, vale la pena ir a verla. Su última función será el próximo 17 de agosto. Se presenta todos los jueves a las 20:30 hrs., Teatro del Hotel NH, ubicado en la calle Liverpool 155, Col. Juárez, Del. Cuauhtémoc, CDMX | Boletos $300 General

¡Hablemos de teatro! ¡Vayan a verla!

Por Carlos Diaz

 

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

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