NEVA: Reflexiones del teatro sobre el teatro

¿Qué hacen los actores cuando ensayan? ¿De qué hablan? ¿Quiénes son cuando no encarnan a un personaje? ¿Qué piensan? NEVA, del aclamado dramaturgo chileno Guillermo Calderón, parte del morbo natural por la vida de otros, que todos compartimos, para acercarnos a la intimidad de las reflexiones, desilusiones y superficialidades de quienes actúan en los escenarios, la vida de otros desde las suyas.

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Dirigida por Alejandro Velis, NEVA cuenta con las actuaciones de Abril Mayett (Olga Knipper), Sheyla Ferrera (Masha) y Daniel Haddad (Aleko), quienes con una escenografía minimalista, compuesta por una alfombra, una silla y un vestidor móvil, desencadenan, a través de su actuación, la reflexión sobre una serie de interrogantes, tales como: ¿Es importante el teatro, su permanencia y posible trascendencia, a pesar de los efímero de su naturaleza?, ¿Tiene algún sentido hacer teatro más allá de un fin estético?, ¿Están comprometidos los artistas con algo, más allá del hambre por el reconocimiento?

Situada, históricamente, el “Domingo Sangriento o Rojo”, 09 de enero de 1905[1], en San Peterburgo (Rusia), NEVA inicia con una escena en donde vemos ensayar a Olga Knipper, viuda del ovacionado dramaturgo ruso: Antón Chejov. Ella, junto con sus compañeros actores, Masha y Aleko, viajan al pasado, hasta los últimos días de Antón, y vuelven al presente para hablar del amor, la vida, la muerte y de las necesidades más básicas del ser humano.

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Mientras tanto, en las calles cercanas al río Neva, en cuyo borde se encuentra ubicado el teatro en el cual ensayan los protagonistas, la Guardia Imperial Rusa del Zar Nicolás II abría fuego a 200 mil obreros, entre hombres, mujeres y niños, quienes, dirigidos por el “pope” (clérigo ortodoxo) ruso Gueorgui Apollonovich Gapón, marchaban hacia el Palacio de Invierno para pedir al Zar jornadas laborales de 8 horas y mejores condiciones laborales y salariales. Sin embargo, antes de llegar al palacio, el Gran Duque Vladimir, tío del Zar y comandante de la Guardia Rusa, ordenó a las tropas fusilar a la multitud. Durante todo el día, señala la historia, se oyeron los disparos sobre los obreros que, en su marcha pacífica, se encontraban desarmados. ¿Suena familiar? ¿En México, en Chile, en Latinoamérica?

Esta acotación, histórica contextual, torna a la puesta en escena del morbo sobre los romances, riñas, pasiones desbordadas, violencia y humor en la vida de los actores, a un teatro político, que reflexiona sobre el compromiso de los artistas con los conflictos sociales. ¿Qué frivolidad y deshumanización se exhibe al estar ensayando El jardín de los cerezos, mientras fuera de las paredes del teatro millares de personas son asesinados? Este giro, propone a los actores, y al público, la tarea de reflexionar.

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A ellos sobre la función social del teatro: ¿Debe tener una implicación política, subversiva, educativa o de conciencia? Y a nosotros, como público, ¿Qué estamos haciendo, desde nuestras trincheras, para participar de las soluciones a los conflictos sociales o, por lo menos, desde nuestras vidas para ser menos nocivos y más empáticos con los otros? En este sentido, es el personaje de Sheyla Ferrera, Masha, quién asume un rol inquisitivo. Éste lanza preguntas a sus compañeros de escena y al público, rompiendo con ello la cuarta pared: ¿Qué van a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Hay muertos y una eminente revolución se acerca ¿Y ustedes seguirán resguardados en un teatro ensayando una obra que sólo responde a intereses individuales? ¿Qué hacemos, fuera del marco del teatro, como ciudadanos, ante la injustica, la corrupción y la aceptación de la violencia como cultura?

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De esta manera, NEVA, bajo un esquema del tipo “el teatro dentro del teatro”, reflexiona sobre el teatro, desde él mismo. Es cierto que, para un público no avisado, la obra puede resultar poco atractiva, a primera vista, en el afiche de su promoción. Bien, porque desconocen del contexto histórico de los personajes o las referencias artísticas que de ellos se hacen. Sin embargo, como lo señaló Sheyla Ferrera en la conferencia de prensa posterior a la presentación de la obra, “nada humano nos es ajeno”. Así, el universo de emociones que surge, entorno a NEVA, es lo que conecta tanto con un espectador avisado, como con aquel carente de referencias. Porque, esas emociones, producto de la dramaturgia y la actuación, generan incomodidades ante preguntas que nos enfrentan a la realidad contemporánea, que no es tan lejana a la 1905. Convirtiendo con ello, una puesta en escena, en un activismo político y cultural. Entonces, ¿Tiene algún sentido hacer teatro más allá de un fin estético? La respuesta es sí, tiene mucho sentido. De hecho, es necesario para salir del oscurantismo político, cultural y social en el que se encuentra México. ¡Larga vida al teatro!

[1] El calendario actual ubica esta fecha como 22 de enero de 1905, tal cual lo abordan algunos artículos.

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