¡No quiero ser maricón!

Descubrir que se es homosexual, primer paso—desde mi experiencia— del largo, y a veces complejo, proceso de asumirse como un hombre no heterosexual, implica un estadio de dudas, miedos y desinformación, del que ninguno sale ileso. Entre las múltiples preocupaciones que vienen con los primeros indicios que nos posiciona fuera del marco heterosexual, está la incertidumbre que provoca la imagen que el homosexual implica para los otros. Y lo más preocupante, la que nosotros mismos tenemos de aquellos que, como nosotros, sienten atracción hacia otros hombres.

Al pensarme homosexual, la primera imagen que vino a mi mente fue el resultado de un cliché al cual estuve expuesto casi toda mi infancia, bien por mi entorno próximo o por la televisión: el típico homosexual amanerado, ataviado con prendas féminas y de ademanes exagerados. Una teatralización de la feminidad en exceso. Me alegro que las nuevas generaciones de jóvenes gay que han nacido en el siglo XXI tengan un abanico de identidades homosexuales desde cuales pensar la propia; sin embargo, hubo generaciones, como la mía, con menos posibilidades de conocer otras formas de vidas habitables para los hombres gay. Y es que la construcción subjetiva de la identidad homosexual, es decir, la imagen que uno genera de sí mismo como homosexual, está mediada por un conjunto de factores, más allá de la atracción sexual como generalmente se piensa. El hombre homosexual no sólo lo es porque le gusten los hombres. En el proceso de asumirse como tal intervienen agentes externos, como la familia, el contexto cultural en el que cada uno se desarrolla, el tiempo (no es lo mismo crecer como gay en 1960 que en 2015), el lugar (de igual forma, uno se constituye como gay de manera diferente si crece en un pueblo que en la ciudad) y, por supuesto, los medios masivos de comunicación con el universo de narrativas que hacen sobre los homosexuales.

Y es en este último punto en el que me gustaría ahondar: ¿Cómo inciden los contenidos mediáticos (televisivos, radiofónicos, impresos, digitales, etc.) en la configuración de la identidad gay en los hombres homosexuales? Partamos de una idea rectora tomada del construccionismo: los hombres, como las mujeres, somos construidos socialmente, lo que significa que una gran cantidad de comportamientos, imágenes, conceptos y formas de ver la vida, y a nosotros mismos, no se presentan en nuestras vidas por generación espontánea, sino que aprendemos a mirar la realidad con los lentes que la cultura nos dota. Así, por ejemplo, cuando pensamos en los hombres gay a nuestras mentes vienen imágenes que son la recopilación de todo lo que nuestro contexto nos dice sobre qué son y cómo son los homosexuales. Dentro de los proveedores culturales de imágenes para la construcción de las subjetividades de aquellos que pertenecemos a la diversidad, la televisión, por ejemplo, es uno de los principales.

Aunque en México, paulatinamente, se han ido incorporando al universo televisivo nuevas imágenes en lo que se refiere a representar a los hombres gay (en series como XY y El Sexo Débil, por mencionar algunos ejemplos), es cierto que hasta hace unos años eran escasas las imágenes que exhibían al hombre homosexual, mismas que generalmente se caracterizaban por la teatralización exagerada de la feminidad y el amaneramiento que llevaba, casi siempre, a la ridiculización y burla. Lo que, ojo, no significa que ser femenino sea negativo; sin embargo, el problema de los estereotipos es que son verdades a medias, exageradas, que se vuelven generalizables y que sirven para juzgar a un conjunto más complejo y variado de personas con un mismo estándar.

¿Cómo nos afectan estas imágenes en la construcción de nuestras identidades subjetivas? En mi opinión estas exhibiciones construidas desde la desinformación, la homofobia y misoginia, intervienen de dos maneras: primero, a nivel social, es decir, en nuestro entorno, creando en el imaginario colectivo un concepto que reduce, o solía reducir, al homosexual al típico estilista o diseñador amanerado, calumniador y/o “chistoso” que sirve de bufón o de “llaverito” a, frecuentemente, las protagonistas de las tramas. O bien, como sujetos lascivos, cuya vida se reduce al sexo clandestino, oculto y por tanto visto como negativo. Son escasas las producciones, en TV abierta, que muestran imágenes de hombres homosexuales menos estereotipados y más reales, en donde sus protagonistas son personas con matices varios, una profesión diferente a las consideradas “típicas” de los gay, que se aceptan como tal cual, que no viven su amor en la clandestinidad y cuya trama no sea tomada sólo como relleno de la historia principal, sino con el mismo grado de importancia que el de pareja heterosexual siempre presente.

Por otra parte, a nivel personal considero que también nos afecta. Recuerdo que cuando niño, y recién descubierta mi orientación sexual, me decía: ¡Dios, no quiero ser maricón!, me reusaba a verme, y tener que ser, algunos de los estereotipos típicos que veía en la televisión, que escuchaba en los chiste homofóbicos comentados por mis amigos y familiares. Pienso que el no identificarme con estas exhibiciones de lo gay me causó, de algún modo, un tipo de homofobia interna, y literal un miedo a ser así, que con el tiempo y mayor información pude superar. Asumo que esta fobia me vino de observar como está imagen sólo generaba burlas y discriminación en los homosexuales. Me parece que este es uno de los efectos más nocivos del dominio de estereotipos sobre los hombres gay en la televisión, el rechazo que pueden llegar a producir en la misma población de hombres homosexuales, lo que evidenciamos en la exclusión que al interior de este segmento de la población se da a aquellos que exploran, viven y disfrutan de su feminidad a través de sus estilo de vida, vestimenta y conducta. Como si la feminidad fuese negativa (una combinación de homofobia y misoginia).

Por ello considero necesario que los contenidos que refieren a la población homosexual en general, y a los hombres gay en particular, en la televisión, radio, prensa e internet deberían apostar por exhibiciones e imágenes más plurales, menos estereotipadas, que den cuenta de las variadas identidades que existen al interior de la población LGBTTTIQ, las cuales son atravesadas por diferencias de edad, etnia, clase social, conductas, vestimentas, profesiones, gustos, intereses y prácticas sexuales, unos monógamos otro poliamorosos, etc. Ello, me gusta pensar, ayudará a replantear en el imaginario colectivo el concepto sobre qué son y cómo los homosexuales, llevándolos a entender que al final, así como existen diferentes identidades heterosexuales, las hay en los homosexuales.

Artículo por Carlos Díaz

@Carlosdiaz1712

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

One thought on “¡No quiero ser maricón!

  1. Completamente de acuerdo con tu articulo, aunque cabe resaltar que los medios principalmente en USA están implementando personajes LGBT en sus series donde se nota una pluralidad de comportamientos. Esperemos eso suceda también en la television latinoamericana.

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