¿De quién nos enamoramos cuando nos enamoramos?

El amor es un tema que nos ha interesado y obsesionado a muchas personas a lo largo de la historia. Por lo tanto es justo y necesario responder este cuestionamiento ¿De quién nos enamoramos cuando nos enamoramos? Dentro de la filosofía, grandes pensadores como Platón y Aristóteles planteaban este tema desde perspectivas que nos han enriquecido hasta nuestros días mostrándolo como un ideal.

En la biología, medicina y psicología, nos hemos puesto a analizar situaciones comportamentales en las diferentes especies, incluyendo al ser humano, así como las reacciones bioquímicas que se dan en el cerebro y las sustancias que son segregadas en el individuo: neurotransmisores, hormonas, procesos y funcionamientos estudiados a través de aparatos de neuroimágen. Por su parte, el psicoanálisis ha hecho lo mismo a través de la teorización de cómo se crean este tipo de vínculos tan especiales, atribuyéndolo a situaciones libidinales sexuales (no siempre genitales) que dependen de la formación del aparato psíquico en el infante y que son repetidos en la vida adulta.

El tema que nos cita el día de hoy, es justamente eso, saber y comprender de quién nos enamoramos cuando nos enamoramos. O bien, a quién amamos cuando amamos a un otro.

La construcción del amor como extensión de la personalidad

Si bien conocemos de manera biológica el funcionamiento del amor a nivel cerebral, nos queda la duda sobre qué es lo que marca la pauta para la construcción de ese sentimiento y, a partir de qué o quién se estimula su desarrollo dentro del individuo. Como base tomaremos los postulados psicoanalíticos propuestos por Freud para tener una comprensión (de cierta manera) más sencilla.

Para Freud, la vida mental del individuo se yergue sobre la base de una energía fundamental la cual llama libido. Ésta tiene la característica de dar potencia a los actos tanto conscientes como inconscientes del ser humano y su origen es prácticamente innato. Al hablar de ella, el autor nos aclara que si bien es una energía sexual, esta no concierne siempre al placer genital, conocido comúnmente e interpretado solo como la dualidad vagina–pene, sino que es una energía creadora que invade la totalidad del cuerpo de cada persona y que puede ser desplazada a los otros, nombrados por él como objetos.

La libido, además de ser una energía que mueve los actos del ser humano, es una energía que da forma a la estructura psíquica de cada uno. Con ello nos refiere a que la libido «construye» partes fundamentales de la personalidad del individuo como lo es el narcisismo primario quien forma la autoimágen, autoestima, autonomía y sus ideales. Esta energía, ya en forma de narcisismo, tiene la capacidad de volverse su propio ideal, el cual, con el tiempo va siendo coartada por la realidad exterior y, como se mencionó, tiende a ser desplegada a los objetos de su alrededor, otorgándoles con ello capacidades que el infante necesita, de los cuales se va nutriendo y a los cuales aspira: como ejemplo tenemos a los padres que alimentan y protegen de otros objetos amenazantes al niño. Es entonces cuando el infante experimenta el sentimiento de amar y ser amado.

¿Qué ocurre entonces en la vida del adolescente y adulto?

Para Freud, las huellas mentales de la primera infancia quedan registradas en el sistema inconsciente y reprimidas como deseos que buscan ser vueltos a vivir como ocurrió en la primera ocasión. Buscan la oportunidad de salir al mundo exterior y ser desplegados para sentir satisfacción. Cuando el adolescente o adulto se enamora, sugiere que el acto es meramente de origen inconsciente, eligiendo al ser amado ya sea como partes que se vivieron como pérdidas, a las cuales se aspira, algo que actualmente es (amor de origen narcisista) o bien, eligiendo a quien lo pueda nutrir y/o proteger (amor de origen anaclítico o de apoyo).

¿A quién se ama cuando se ama?

El amor como tema complejo que es, y con la pequeña descripción que tuvimos, nos indica que en la elección de pareja, se busca algo como parte o extensión de uno mismo. En ocasiones no de manera agresiva o violenta (ni consciente), pero si como aspiración a ser completado, vivirse como algo integrado a través del otro.

Ahora bien, y como en otros textos relacionados he mencionado, varios autores más contemporáneos nos hablan del amor oblativo, que es el amar sin ataduras, sin apegos, sin rebajar al otro como objeto con la posibilidad de tenerlo. Ya que si bien, nos hemos colocado en este texto en una postura individual, el amor de pareja involucra a dos mentes que se interrelacionándose una con otra, brindándose experiencias tanto positivas como negativas y que en referencia a Freud, deben ser nutricias para ambas partes.

Entonces ¿A quién se ama cuando se ama?, se ama a uno mismo, se ama al otro y se ama el vínculo que se establece en ese momento, siempre y cuando uno trate de hacer consciente sus propios defectos y virtudes tanto de sí mismo como de la pareja, aprender de ello y vivirse lo más cercano a un ser individual con potencialidades a vivirse por sí mismo (a través de las experiencias ya mencionadas) como completo.

¿Quieres saber más?

Hazme llegar tus dudas y comentarios a mi cuenta de Twitter: Recuerda que estoy como @FredOleaP ¡Compártelo para que juntos podamos hacer reflexión sobre el tema!

¿Te gusto? ¡Compártelo!

Alfredo Olea

Alfredo Olea, psicólogo de orientación psicoanalítica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *