Te voy a dar hasta para llevar Por JuanCarlos Nicholas

A mi entender, existe un paralelismo innegable entre la relación que tiene una persona con la comida y su actitud frente al sexo. Quizá sea una cuestión de la libido, pero si quieres darte una idea del desempeño de un candidato a amante, obsérvalo comer: tanto el disfrute como el arrebatamiento, la pasión y el ansia de someter al hipotálamo a impulsos sensoriales placenteros, como la desgana, la indiferencia, el pudor, el excesivo recato o la preocupación, son directamente proporcionales en la cocina y en la cama – aquí y en China

         Además que, parece que quien cocina bien y quien disfruta con todos los sentidos de la comida, normalmente es un amante entusiasta, un fogoso y eficiente semental. De lo contrario, quien se satisface con poco, se abstiene, es insípido o indiferente – sí, incluidos aquellos hombres “esculturales” que sólo piden una simple e insípida ensalada-, suele ser un pésimo, aburrido, fastidioso y petulante amante.

         Sin embargo, sea un hombre fogoso o uno frígido, hay comidas que motivan o desmotivan, enfrían o erizan los pelos y no precisamente de la excitación.

         Lo primero que asusta a cualquiera son las cantidades y los modos, es decir, cualquier hombre, por muy bien parecido y perfumado que se presente, puede convertirse en un cavernícola si en la primera cita se engulle una buena dotación de costillitas de cerdo a la BBQ –devorando sonoramente, usando las manos y dejando rastros rojos en las comisuras de la boca-, bebe como si no hubiera un mañana, eructa y todavía, remata con el postre más grande –y eso sí, sin ofrecer ni una probadita-. O cualquier galán por muy guapo y coqueto que nos parezca, pierde el encanto si, se empaca cinco donas en una sentada de sobrecama, o si ameniza la ida al cine con una olorosa bandeja de nachos – con ración extra de queso y muchos jalapeños-, que crujen en nuestros oídos.

         Por si fuera poco, todos los textos clásicos de la Antigüedad dedicados a las artes amatorias, hablan de la importancia del aliento fresco a la hora de “estar cerca”. Así que también se considera antiafrodisiacos todos aquellos alimentos que le heredan al comensal un aliento pestilente o cuyos restos permanecen visiblemente en la boca. Porque, niégueme usted, amado lector, que hasta la perfecta sonrisa de un Matt Bomer región 4 puede opacarse con un desatinado “cilantrazo”.

         Así pues, evite a aquellas personas que son aburridas a la hora de comer, de lo contrario el postre, será una catástrofe aunque tenga cubierta de chocolate.

Artículo por JuanCarlos Nicholas

Twitter: @Jc_Nicholas

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