Tengo 19 y soy GAY

Decir que la vida es difícil, gritarle a mi mamá que “No me comprende” y tener problemas amorosos, son actitudes que la gente podría etiquetar en mí. Tengo 19 años, vivo en la Ciudad de México, soy un Twink  y una persona normal, común y corriente como los demás, tal vez tengo cosas que la gente ve en mí, tal vez no, pero eso no es algo que me preocupe en la actualidad, aunque existen factores que poco a poco fueron moldeando mi personalidad para crear la persona que soy hoy en día.

Recuerdo haber sentido atracción hacia algunos de mis compañeros al tener contacto visual o simplemente tener una charla con ellos, cuando iba en tan solo 3ro de primaria y aunque es una edad muy corta, sabía perfectamente lo que me gustaba, en específico había un niño que llamaba mucho mi atención,  sabía que tenía ganas de tomarlo de la mano y ser cariñoso con él, abrazarnos y  sonreír todo el tiempo, él había llegado en 4° de primaria y yo admiraba aquella sonrisa y su presencia satisfacía todo dentro de mí, seguramente no soy el único al que le ha sucedido esto, pero la diferencia es que me cambiaron de escuela y ahí conocí a muchas personas, tuve una mejor amiga que, curiosamente al día de hoy ella es lesbiana y es gracioso pensar que fuimos mejores amigos en 6° de primaria.

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La secundaria fue una etapa difícil, lo acepto, pero no fue imposible, fue una edad en la que me sentía algo confundido por lo que la sociedad quería que yo fuera y por sociedad me refiero en general a todos los círculos sociales que tenía en aquel momento, guardo vagos recuerdos de cuando una tía sin motivo alguno hizo el comentario de: “En esta familia no hay putos, así que no nos vayan a fallar”, dejándome pasmado y haciéndome lagunas mentales de lo que podría o no suceder si yo decidía decirles que me gustan los niños, confieso haber sentido mucho temor de lo que incluso podrían llegar a hacerme, ¿Acaso me correrían de mi casa? ¿Tendré que tolerar agresiones toda mi vida?, afortunadamente la relación que tengo con la familia paterna nunca fue la mejor, así que solo tenía que preocuparme por hablar con mis padres y tal vez mis hermanos.

Pasó, mi padre tomó asiento y me miró a los ojos tembloroso, preguntándome ¿qué sucedía conmigo?, puesto que había tenido problemas en la escuela, mi promedio era bajo y me comportaba algo rebelde, pero el problema principal no era ese, mis padres me habían cachado una relación amorosa que tuve con un chavo y de alguno u otra manera no tenía escape, tuve que confesar que no sentía ningún interés sexual y/o amoroso por las mujeres, cosa que en su momento no destruyo a mi padre, pues reacciono bien y al día siguiente tomo demasiado alcohol que, parecía no haberlo aceptado y eso me provocaba una mala sensación de que no eran lo que ellos querían. Definitivamente mi papá habló con mi madre para comentar entre los dos la situación y llegar a una solución del “problema”, el siguiente paso que muchos de nosotros conocemos es ir al psicólogo a escuchar choros del ¿Por qué? Soy así, aunque en mi caso nunca trate el tema con la psicóloga, porque jamás creí que ser gay fuera un problema, pero probablemente existía algo malo en la relación que yo tenía con mi familia por la falta de confianza y fue un tema que si tratamos.

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El miedo seguía recorriendo todo mi cuerpo y no podía dejar de pensar en ¿Qué va a ser de mí?, así que decidí salir con niñas para intentar “reparar el daño en mi” cosa que nunca funcionó, lo curioso fue descubrirlo justo al salir de la secundaria, decidí dar un paso grande y entrar a la prepa sin esconderme y avergonzarme de lo que me gusta y lo que soy, me arme de valor y cuando empecé a tener amigos y me preguntaban si tenía novia, contestaba que no me gustan las niñas y la reacción que todos tenían era increíble, se mostraban interesados, pero no hacían comentarios incómodos en los que me señalaban o tachaban como algo malo, todo salió perfecto, tuve muchos amigos e incluso los maestros eran muy abiertos, de alguna manera sabían sobre mis preferencias sexuales y nunca hubo trato diferente en todo el salón.

Tenía 16 años cuando hable nuevamente con mis padres y les platique sobre cómo me sentía y lo que me gustaba, era terrible la idea de hablar con ellos y sentirme incomodo por la reacción que podrían tener y de principio fue malo, sentí la ausencia de mi madre durante poco más de un mes, en el que me sentía cohibido de todo, no me sentía contento y en ese momento hubiera preferido nunca hablar sobre mis preferencias sexuales y mantenerme oculto, pero todo cambio después de aquel mes y medio, en el que comencé a sentir mucho apoyo de parte de mi mamá y todo fue mejorando, incluso en mí.

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Actualmente tengo 19 años y he logrado abrir la mente de mi familia y mostrarles algo de información respecto al colectivo LGBTTTIQ lo cual me ha ayudado bastante pues hoy en día mi hermana tiene 12 años y no tiene problemas con el género, preferencia o identidad sexual de otras personas, he logrado uno de mis objetivos y he logrado tener una vida en la que mi familia conoce a mi pareja y no existen prejuicios que etiqueten mi personalidad, mis habilidades o lo que soy… un humano.

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JorgeTheHorizon

Típico adolecente random del siglo XXI con altas expectativas del mundo y una mente MUY abierta

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