Testimonios de homosexuales católicos

Carolina del Río Mena (teóloga chilena) escribe Testimonios de homosexuales católicos y simplemente debemos hacernos esta pregunta ¿Quién soy yo para juzgar? 

Testimonios de homosexuales católicos1 - Testimonios de homosexuales católicos

** Nota del autor: Es cierto que el texto escrito por Del Río Mena tiene un componente sustancial de reflexiones no sólo sobre la postura actual de la teología católica frente al tema de la homosexualidad, también de la necesidad de una actualización de dicha doctrina “a la luz de los signos de los tiempos” contemporáneos. Sin embargo, en estas exploraciones se pretende dar cuenta de lo que ella logra en su trabajo, y por el cual a nuestro juicio lo hace excepcional: prestar oídos a la voz de las personas homosexuales, pues a la Iglesia católica, como a muchas otras y a nosotros mismos, nos hace falta “(…) conversar más, escuchar más (…) [a los homosexuales] y a sus familias, debatir más, (…) [y] dejar que cada persona cuente con sus palabras su historia” (Del Campo, 2015, pp.14-15). En ningún caso se pretende hacer apología del catolicismo en un sentido negativo o positivo. La misión es revelar, y compartir, el valioso testimonio de los hombres y mujeres que viven o vivían en conflicto permanente entre su fe y orientación sexual.

Me atrevo a decir que no hemos sido pocos (as) los (as) que hemos experimentado el rechazo y malestar que provocan los sermones y/o declaraciones de ministros, sacerdotes y líderes tanto de la iglesia católica como evangélica. Han repetido hasta el cansancio que somos abominación y vamos “contra natura” que, aún hoy, la mayoría lo cree. Nos acusan de desviarnos del camino que “Dios manda”.

A las generaciones que nos anteceden (la de nuestros padres y abuelos), y aún a la nuestra, la Iglesia católica les ha enseñado a mirar la homosexualidad—repitiendo las palabras de Del Río Mena—como un crimen, un pecado atroz, intrínsecamente perversa, desordenada, que atenta y destruye la familia, que corroe el espíritu de las naciones[1].

Es cierto que en otros escenarios, como en el de políticas públicas, derechos humanos e institución familiar hemos tenido avances, los cuales deben celebrarse, sin perder de vista que no basta la aprobación de leyes, es necesaria la debida aplicación de éstas y la sensibilización de la sociedad en general, no sólo de la diversidad de orientaciones e identidades sexuales y/o genéricas, también—en mi opinión—de la diversidad humana.

Sin embargo, en tanto sujetos construidos social y culturalmente, es imposible—y no debería serlo—olvidarse del campo de la fe, que no es lo mismo que religión, del cual también hemos sido vetados y cuya apertura todavía continúa en discusión, cuando no negada. En tanto cristiano, de denominación evangélica, encuentro necesario abordar este tema, porque al igual que muchos (as) otros (as), el plano de la fe también se integra dentro del plan de vida habitable que deseo. No obstante, como a todos (as), por generalizar, también me ha impactado, en forma negativa, el rechazo de las instituciones religiosas que creen tener el monopolio de la fe. Coincido con Del Río Mena cuando afirma que:

Tenemos que aprender como personas y como sociedad para ir dando el ancho del Evangelio de Jesucristo, para quien todos y todas somos hijos e hijas amados del Padre-Madre-Dios. Y somos amados todos, enteros, completamente, incluyendo nuestra sexualidad, sin importar si es hetero u homosexual y con todo lo que ello significa. (2015, p.25)

El tema de la fe dentro la comunidad LGBTTTIQ debe abordarse con cuidado. Hay quienes han/hemos vivido con mucho dolor el rechazo sistemático de quienes controlan la fe vertida en una religión. La institución católica, al igual que la protestante, parece ser sorda al mensaje y al lenguaje de amor compasivo, e incluyente, de Jesucristo; ello ha devenido en una postura frecuente de parte de los hombres y mujeres no heterosexuales: la separación de sus vidas con la fe. El rechazo de la iglesia los aparta, pero esa disociación lleva consigo dolor, y en ocasiones, odio.

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Por ello: “No es fácil hoy dar testimonio de Dios en un mundo no sólo sin Dios, sino muchas veces en su contra” (Del Río Mena, 2015, p. 24). Los que hemos sido rechazados de las instituciones religiosas, que muchas veces negocian con la fe, en variadas ocasiones estamos contra él, o por lo menos, omitimos su presencia en nuestras vidas. La decisión es personal y libre, sin embargo, ¿vale la pena abandonar el plano de la fe por una incorrecta interpretación y administración del mensaje de amor de Dios?

En mis siguientes aportaciones me gustaría compartir con ustedes algunos perfiles de los hombres y mujeres que, cansados de luchar contracorriente, abandonaron su fe y creencias, aun cuando amaban estar en la iglesia, servir al Dios de sus padres y a sus prójimos. Nos hace falta escucharlos a ellos (os) porque también es cierto que muchas veces se juzga incorrecta la ecuación homosexualidad más fe. La fe va más allá de la religión y el dogma, sin embargo, una fe sin acción y solitaria es susceptible de morir, y con ella las vidas que encarna. Mi deseo—al igual que el de Del Río Mena—es que como a los ciegos, el amor de Jesucristo nos abra los ojos y miremos cuán equivocados estamos de excluir a los otros hijos amados del señor: los homosexuales.

[1] En algunos países, como alguna vez en México, se creía que la homosexualidad era un influencia/ vicio extranjero, que pervertía a sus ciudadanos.

Para los (as) interesados (as) les comparto la ficha bibliográfica:  ¿Quién soy yo para juzgar? Testimonios de homosexuales católicos. Carolina del Río Mena (2015). UQBAR Editores, Santiago de Chile.

Artículo por Carlos Díaz

@Carlosdiaz1712

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Carlos Díaz

Titulado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Carlos Díaz es un apasionado de la pluma con un estilo literario fresco y muy actual

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