Violencia doméstica y salir dos veces del closet.

No hemos acabado de celebrar que el matrimonio igualitario se está convirtiendo en una realidad en muchos países, cuando salen a la luz algunos problemas derivados de estos derechos, tales como la violencia doméstica.

Imagina la siguiente escena: en una línea de atención a víctimas de la violencia reciben la llamada de un hombre.

  1. Le cortan la llamada porque un hombre no puede ser victima de la violencia.
  2. Lo canalizan a una línea de atención para personas con problemas de violencia, porque sencillamente un hombre no puede ser víctima de la violencia.

Durante años, los servicios de salud pública en EE.UU. han compartido esa visión, concentrándose casi exclusivamente en asistir a las mujeres abusadas por sus compañeros, aunque los matrimonios y las uniones civiles entre parejas del mismo sexo ya han recibido reconocimiento legal en la mayoría de la Unión Americana.

Sin embargo, otro estudio realizado en 2014 por la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago, que analizó los datos de cuatro informes anteriores en los que participaron 30,000 personas, llegó conclusiones que van mucho más allá.

Algunas veces los homosexuales proyectan sus sentimientos y autoestima negativa sobre sus parejas.

A la inversa, pensamos que las víctimas de la violencia doméstica entre parejas del mismo sexo creen, de alguna manera, que merecen esa violencia por un sentimiento negativo sobre ellos mismos que han interiorizado.

Fue precisamente así como se sintió Curt Rogers después de que su pareja lo mantuviera cautivo en su departamento por tres horas y bajo amenaza de muerte.

El problema con estas situaciones es que no se tiene registro certero, ya que la mayoría de lo casos no se denuncia y las razones son varias, desde la vergüenza que implica aceptar ser una victima, hasta la idea de que esto generaría una imagen negativa para la lucha de derechos igualitarios, ya que sería la prueba de que en la comunidad LGBT existen relaciones dañinas.

Denunciar entonces es como salir por segunda vez del closet.

Esto parece ser apenas la punta del iceberg, pero también es el momento adecuado para hacer conciencia y tomar las medidas adecuadas.

Frente a este tipo de situaciones la única respuesta puede ser la denuncia.

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